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¿Cambias tus hábitos tóxicos?

Una reciente consultante, que estaba transitando grandes revelaciones acerca de su vida, faltó un par de sesiones.  Luego, me escribió: “Tengo una lucha con lo que me pasa. Quizás, tenga miedo a los cambios que estoy viendo… porque siempre vi un mundo y me acostumbré a lo fácil, a lo cómodo o a lo único que conocí y pensaba que esa forma de vivir estaba bien. Quizás, siento culpa por mi familia, porque por primera vez me sentí feliz.  O aun solo porque encontré sentido a solo respirar y saber que soy un ser  maravilloso que se merece ser feliz…”.

Estas resistencias y cuestionamientos son normales no solamente a los comienzos de un despertar sino también a medida que continuamos el camino.  Muchos tienen la fantasía de que todo se da de una vez y para siempre.  No es así. Afortunadamente, las espirales de evolución tienen su salto de un nivel al otro y las crisis resultantes nos conmueven, transforman y fortalecen.

Uno de los problemas más recurrentes es cambiar los hábitos negativos que arrastramos.  Al principio, no nos damos cuenta de que son perjudiciales, ya que están incorporados a nuestra rutina como lo “normal”.  Con el tiempo, comenzamos a tomar conciencia de que son tóxicos: sean pautas alimentarias, formas de comunicarnos con nosotros mismos y los demás, emociones enquistadas, ideas obsesivas o neuróticas sistematizadas por la sociedad, culpas, temores, comodidades incómodas, etc.Una costumbre saludable es dudar de lo que somos y hacemos.  No dar por sentado nada sino plantearnos otras posibilidades.  Podemos iniciar informándonos de nuevas maneras, observando personas distintas, abriendo el entendimiento a las múltiples variedades de un mismo tema que están disponibles.  Uno de los beneficios de estos tiempos es la enorme apertura a originales mezclas personales en lugar del modelo único que regía hasta hace poco.

bailarina pájaro

Escribir acerca de lo que observamos es muy útil, porque hace que tratemos de ordenar el caos que puede haber en la mente.  Poco a poco, iremos encontrando pautas que se repiten, intereses que surgen, conexiones sincrónicas, patrones emocionales y mentales, mandatos familiares y culturales.  Además de contribuir al armonía y a descargar el estrés del cambio, escribir sirve para ir creando lo que deseamos construir, ya que la palabra es el segundo nivel de creación.

Lo difícil, como siempre, es llevar a la práctica lo que queremos.  En esta instancia, es mejor dejar de acumular información porque ello sobrecarga las expectativas, sin brindar beneficios.  Es más productivo incorporar algunos recursos simples y efectivos, bien conocidos y manejados, que conocer un cúmulo de herramientas complicadas que se olvidan cuando arrecian los inconvenientes.

Otra complicación es exigirse perfección y rendimiento.  Es más favorable la constancia, las pequeñas victorias, la conciencia y la presencia continuas, la valoración de lo obtenido, la aceptación de los bajos y altos, la vuelta al camino después de perderse, las felicitaciones por las triunfos, el perdón, y el aprendizaje de los errores (que serán constantes en el proceso).

Es sabio saber cuándo no podemos solos y necesitamos asistencia.  Sea de amigos de confianza o de ayuda profesional, estar acompañados durante el proceso lo hace más fácil y motivador.

Y, sobre todo, jamás olvidemos que nuestra Alma nos guía y protege.  Iniciar y continuar cualquier proceso sabiendo que Ella desea lo mejor para nosotros es tranquilizador.  Son nuestras dudas, temores y resistencias los que dificultan el camino.  Entregarnos y confiar, fluir con las situaciones, escuchar las señales, respirar y llenarnos de luz son claves.

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