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¿Cómo aprovechar cada día para cambiar?

Cuando comenzamos a despertar concientemente o cuando atravesamos una crisis o cuando la vida se ha vuelto una rutina asfixiante y nos proponemos hacer transformaciones profundas, muchas veces nos sentimos abrumados por la inmensidad de la tarea.

Tendemos a pensar que debemos hacer algún cambio drástico y rápido y que así será más fácil.  En general, es al revés.  Agregarle tanto estrés al estrés de la crisis termina siendo demasiado y volvemos al inicio, más exhaustos.

El problema reside en que optamos por los cambios externos en lugar de los internos, así que nos separamos, renunciamos al trabajo, nos mudamos de ciudad o de país, bajamos 30 kilos, nos vamos al campo… pero seguimos siendo nosotros mismos, sea donde sea que estemos; por lo que, casi seguramente, volveremos a crear las mismas condiciones y caer en los mismos problemas que creímos remediar.

espejos

Por el contrario, cuando nos damos cuenta de que la verdadera solución reside en una transformación interna, usamos las condiciones en donde estamos para hacerlo.  Si lo logramos allí, estamos preparados para cualquier cosa.

¿Cómo hacerlo?  Los demás son espejos.  Nos muestran aspectos negativos que negamos o escondemos, formas de relacionarnos que desconocemos, cualidades que no reconocemos, posibilidades que excluimos.  Cuando dejamos de vivir reactivos y dormidos y comenzamos a observar cada conversación, cada encuentro, cada persona de esta manera, tomamos conciencia de nuestras pautas internas y aparecen otras alternativas que nos acercan a nuestra esencia.

Cada día se vuelve una aventura.  ¿Qué señal tendremos hoy?  ¿De qué nos daremos cuenta?  ¿Qué nueva sensación inaugurará un camino que jamás se nos hubiera ocurrido?  ¿Cuál aspecto desconocido de alguien conocido nos sorprenderá?  ¿Qué nos revelará una película o un artículo que es justo para el momento?  ¿Cómo una simple mirada nos puede conmover hasta los huesos?

Así, cada día trae pequeños momentos de conciencia y de cambio que se van acumulando.  Es como ir sacando fichas hasta hacer caer la torre, mientras construimos otra en su lugar.  Es confiar en nuestra capacidad innata de evolución, teniendo fe en que nuestro Ser nos irá guiando por el mejor camino para nosotros, a través de miguitas que podemos reconocer y seguir.

Una de las revelaciones más maravillosas es el percibir la matriz original que traemos.  Y la otra es respetarla.  Si nos descubrimos introvertidos y la sociedad premia a los extrovertidos, no se trata de sustituirlo sino de honrar esa característica y utilizarla para nuestro bien y el de otros.  Alguien introvertido suele observar y no participar; así se pierde de aprender a expresarse y sustrae a los demás su valiosa contribución.

Aprovechemos cada instante para iluminar las preciosas facetas del divino diamante que somos.  Esa luz nos guiará por las sendas más convenientes para nuestras cualidades y aportes.  Momento presente, momento sagrado… 

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