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Cómo nos boicoteamos el bienestar y la felicidad

Dos situaciones que se dieron la semana pasada fueron muy reveladoras acerca de ciertos mecanismos que usamos para privarnos del derecho a la abundancia, el bienestar, la felicidad y la libertad de ser nosotros mismos.  Una consultante reciente, que vino “conminada” por una amiga que también es mi consultante, me contaba alegremente que hace tiempo que no se sentía tan bien y que su mente no paraba de hacer planes para el futuro.  En un momento, se quedó callada y después me dijo: “Estuve pensando porqué no vine antes…  Con la otra terapeuta estaba cómoda, iba, hablaba de lo que me pasaba en la semana, no había desafíos.  Yo me sentía estancada y escuchaba a Florencia hablar de cómo iba superando sus problemas y logrando cosas pero, en lugar de que eso me moviera a verte, me daba más miedo.  De alguna forma, yo me había convencido de que no iba a conseguir nada: ya había probado y estaba igual o peor; pensaba que no tenía lo que se necesitaba y que me tenía que conformar.  Que Florencia pudiera era peor porque me hacía sentir inferior”.  Se rió y continuó: “Por suerte, me obligó.  Ahora, me doy cuenta de que necesitaba otras herramientas y un seguimiento más “fuerte”.  Nos reímos las dos porque sé que no soy fácil.

 

Otro día, un hombre que había preguntado en octubre de 2016 sobre Diseño Humano, me escribió para agendar una sesión.  Cuando terminamos el análisis de la Carta, me agradeció por lo que le había ayudado a entenderse y comprender sus errores y cómo solucionarlos y me contó la razón por la que había tardado tanto en decidirse: “Cuando leí el anuncio el año pasado, sentí que debía venir, no te lo puedo explicar racionalmente (yo, que me llevo por la cabeza).  Pero, no le hice caso, me dije que era una cosa más de las muchas que se publicitan.  Además, andaba mal de dinero y corriendo de un lado a otro.  Cada vez que veía tu anuncio, sentía “algo” en el pecho pero seguía con las excusas hasta que la semana pasada, hablando con mi mujer,  me di cuenta de que huía hacia delante, que hacía y hacía para no pensar, para no enfrentar los problemas que tengo adentro.  Entonces, te escribí y me alegro mucho de haberlo hecho”.

 

mariposas brazo

 

Sé que esto parece una publicidad encubierta pero es la realidad.  Es una síntesis de las justificaciones que todos usamos para no cambiar, para no darnos una oportunidad, para prolongar la conformidad y el sufrimiento.  Vivimos bombardeados por imágenes de éxito y felicidad; exigidos por horarios absurdos; hostigados por infinitos señuelos de cosas que “tenemos” que tener y realizar (difíciles de eludir para la mayoría que está programada para Hacer); disminuidos por no tener recursos internos para replantearnos la situación y elegir algo distinto (una cosa es la teoría y otra la práctica).

 

Cada vez más, me convenzo de que estamos en una sociedad enferma, que no cuida a sus integrantes, saturada de valores que no sirven, con ideas equivocadas  y conductas destructivas.  No es fácil sustraerse de semejante monstruo resplandeciente, construido ladrillo a ladrillo por el poder de pocos y sustentado por el ego ciego de millones.  Se hace uno a uno, poco a poco, conciencia a conciencia, pasando la luz de uno a otro, con paciencia, perseverancia, confianza, aprendiendo a amarnos y amar.

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