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Responsabilidad o la dificultad de madurar (Saturno mediante)

La semana pasada, en una sucesión de eventos tanto personales como profesionales, tanto privados como sociales, terminé de corroborar algo que vengo pensando hace tiempo: como Humanidad, todavía no pudimos pasar la adolescencia.

 

Cuando recibo consultantes jóvenes que se fuerzan a tener conductas “adultas”, a fijar posiciones, a definirse para siempre, les digo que no pierdan el tiempo en esas cosas porque, en el fondo, no serán permanentes o estarán muy condicionadas por el entorno.  Es tiempo de probar, de ensayar, de hacer distintas cosas, de equivocarse (preferiblemente sin grandes consecuencias), porque alrededor de los 28 años vendrá el gran patadón de Saturno y todo será revisado y vuelto a elegir.

 

Las palabras relacionadas con Saturno son: sabiduría, paciencia, reflexión, ambición, rigor, sentido de responsabilidades, capacidad de análisis, concentración, solidez, madurez, perseverancia, resistencia, tenacidad, método, integridad, seguridad.  Nos “visita” entre los 28 y los 30 años (y luego alrededor de los 56) y casi siempre representa un corte, a través de algún suceso impactante o una serie de situaciones, que nos llevan a madurar.

 

Es una fuerte puesta de límites, que implica tomar conciencia de la Ley de Causa y Efecto: todo tiene consecuencias.  Hasta ese momento, en la típica arrogancia y omnipotencia de la adolescencia, creemos que podemos hacer cualquier cosa y que no vamos a recibir los resultados.  Con Saturno, aprendemos responsabilidad… o deberíamos…

 

En mi caso, fue tan brutal que cambió mi vida para siempre.  Venía desbocada y me frenó en seco; trabajé internamente años para salir de esa parada obligada y comprender lo que es la verdadera responsabilidad, esa que uno elige de corazón, la que nos permite ser esencialmente uno mismo y no un títere de la sociedad o un proyección automática de la familia.

 

Para la mayoría, es un accidente imprevisto del que no aprenden demasiado.  Más bien, se adaptan, toman los parámetros del medio y salen “adultizados”, copias del modelo imperante con algunos detalles propios menores.  Toman las decisiones que se supone deben tomar y siguen adelante, llenos de cargas (no de responsabilidades) adecuadas a esa etapa.  Muchos años después (quizás a los 56), se replantean esas resoluciones, comprenden realmente lo que significaron y hacen cambios, buscando su autenticidad.

abrazar la vida, abrazarse a uno mismo, amarse a uno mismo, quererse a uno mismo

 

Como Humanidad, no sé si nos está llegando el Saturnazo (de los 28 o de los 56) pero sería tiempo de aprender que todo tiene consecuencias.  Como argentina y latinoamericana, sería valioso que terminemos de dar vueltas con los mismos errores adolescentes y nos propusiéramos crecer en base a proyectos estables, a largo plazo y consensuados y no a oportunismos del momento, que nos dejan cada vez peor y más frustrados y pobres.

 

Es hora de madurar.  Tenemos modelos tan deplorables de ese concepto que muchos jóvenes se resisten a hacerlo y continúan con conductas destructivas para no afrontar una sociedad egoica, exigente y patética.  Otros, por el contrario, se adultizan jóvenes (porque sus padres son adolescentes) y se llenan de enormes agobios, muy pesados para su frágiles hombros.

 

Me pasó lo mismo.  No me gustaba la noción de adultez que regía en mis tiempos y me propuse encontrar mi propio sentido, así como de otras cristalizaciones propias de la cultura.  Ahora hay otras oportunidades, más libertad y perspectivas, lo que no implica que se tomen.  ¿Qué significa madurar para ti (no importa tu edad)?  ¿Qué deseas para tu vida?  ¿De qué te haces responsable? 

 

La responsabilidad comienza en cada uno de nosotros, en nuestras elecciones más conscientes y verdaderas, de identidad y existencia.  Luego, podemos acordar con los demás un nuevo modelo que respete a todos, en armonía y paz.

2 Comentarios

  1. Cómo te quiero .mi sentido de adulterio es saber que si me equivoco .tengo que saber cómo remediarlo .sin sentirme una asesina

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    • Uy, no tanto drama, Silvia! Jaja! En principio, no temas equivocarte porque ese es el camino del aprendizaje y la evolución: prueba y error. No hay forma de escapar de ello, a pesar de que la cultura es tan tonta como para no admitirlo y exigir perfección. Siempre hay una solución, si tomamos cada error como una experiencia que nos conduce a lo mejor de nosotros mismos y de la situación.
      Yo también te quiero. Besos.

      Responder

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