
Conocía a una amiga luego de que abandonara una secta (o algo muy parecido). Después de que se repuso, quiso emprender algo propio, que le significaba mucho. Entonces, comenzó a dudar de que pudiera, se llenaba de incertidumbres.
Le dije: “Ellos te enviaron a abrir sucursales a distintos países, casi sin nada… ¡y lo hiciste! Ahora, ¿no puedes algo tan simple, en comparación?”. “Es que es para mí”, me contestó.
Ese era el problema. Mientras fuera para otros, sacaba fuerzas de donde sea, se metía en lugares que jamás hubiera entrado, hablaba con personas que le daban temor, trabajaba sin parar, pero… por ella, no valía el esfuerzo.
Nos ganamos el Cielo si nos sacrificamos por los otros, pero nosotros no estamos calificados para tanta dedicación.
Vuelve tu mirada hacia ti. Eres suficiente tal cual eres. Importas tanto como los demás. Dedícate lo mismo que harías por cualquiera. Reconoce tu valor.




