Cambia tu vida saliendo de la dualidad

Aprendamos a cuidarnos sin caer en los extremos, apreciando el panorama completo y eligiendo lo mejor para nosotros.

En estas fechas, tendemos a hacer balances y no siempre dan positivo.  Escucho muchas personas que se sienten cargadas por lo sucedido en un año complicado y que hacen un dominó con esa sensación: un hecho empuja a otro similar y así cae una multitud de otros parecidos, que dan la impresión de una vida de errores, malas decisiones y actos fallidos.  No siempre es así pero, aunque lo fuera, ¿los continuamos?

Sin importar el origen, si durante años sostuvimos una actitud que ahora vemos como perjudicial, ¿la cambiamos o nos resignamos porque ya estamos grandes, no vale la pena, no sabemos cómo hacerlo, es difícil, los demás no nos van a dejar o cualquier otra excusa?  Nos hemos destratado durante tanto tiempo que ya no recordamos cómo cuidarnos…

La polaridad hace aparentar que las únicas opciones parecen ser sacrificarnos hasta la destrucción o volvernos egoístas implacables; trabajadores incansables o vagos irredentos; fanáticos o abúlicos; víctimas o victimarios; buenos o malos.  Salir de la dualidad es un esfuerzo porque mecánicamente nos vamos a los extremos y sucumbimos a los excesos y los dramas.

Crear conciencia no es algo que se da porque sí; es una decisión producto de una evolución y, al principio, cuesta.  Es ir en contra de la automaticidad de la mente, de la reacción inicial ya programada, del sistema instaurado en nosotros y en la sociedad por siglos.  Requiere tomar distancia del pensamiento/emoción/acto y, en lugar de seguir lo acostumbrado, reflexionar y elegir.  Existimos en una norma que casi nunca revisamos y, esclavizados, sobrevivimos mediocremente.

camino de colores

 

Cuando las consecuencias de esa ceguera nos golpean fuerte y abrimos los ojos a los estragos que produjo en nuestra vida, nos abatimos y generalmente nos damos por vencidos.  ¿Qué otra cosa podemos hacer?  El duelo, para comenzar.  Es sano llorar, enojarnos, victimizarnos, echar culpas, sacar afuera todo lo que sentimos.  Si lo hacemos con esa conciencia recién estrenada, esas acciones nos darán información acerca de cómo llegamos a esa situación y pautas para salir de ella: si hicimos tal cosa, podemos hacer tal otra; si sentimos de tal manera, podemos probar con otra emoción.  Lo peor es creer que, porque lo vivimos por xx cantidad de años, ya perdimos la oportunidad de algo distinto, ya no es posible la transformación, ya es tarde para lo bueno.  Jamás es tarde.

De eso se trata cuidarnos.  Es una elección conciente de vivir bien, de ver todos los extremos y buscar la armonía que nos permita el bienestar.  Es el conocido “¿quieres tener razón o ser feliz?”.  Estamos en un proceso de terminar con la dualidad, por lo que ella está más intensa que nunca (lo vemos en lo social, lo político, lo personal, etc.).  Es tiempo de darnos cuenta de que todo tiene su lado positivo y su lado negativo; de que hay malo en lo bueno y bueno en lo malo; de que no existe el 100%; de que cada cosa tiene una razón y un aprendizaje.  Ese es el primer peldaño.

El segundo es encontrar una instancia que supere incluso la armonía y englobe todo en una Unidad que sirva a todos sin excepción.  Aún estamos en el inicio de esta posibilidad pero, estemos donde estemos, comencemos por nosotros.  Desdramaticemos y observemos: ¿cuál es el panorama completo?, ¿qué no hemos tenido en cuenta, apreciado, valorado?, ¿qué es lo importante?, ¿cómo deseamos vivir?, ¿cómo darnos bienestar?, ¿con quiénes queremos compartirlo?, ¿qué sociedad pretendemos construir?  No se trata de gestas heroicas.  Son decisiones cotidianas, simples, oportunas, valiosas, amorosas.  Esas que crean un mundo amable.  Es una buena resolución para el próximo año, ¿sí?

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