
En estos tiempos veloces, todo parece importante y urgente… y claramente no lo es… Recuerdo que corría, llena de adrenalina, para solventar los “problemas” del momento y, al otro día, ya me había olvidado de eso y seguía apresurada por los nuevos problemas. Con el tiempo, me di cuenta de que esta actitud era una trampa, que me mantenía en un estrés continuo y no me brindaba nada a cambio, ya que perdía lo importante a expensas de lo urgente. Es fundamental frenar a tiempo y percibir lo que hacemos que puede ser mejor organizado o derivado a quien corresponda (tomamos responsabilidades que son de otros) o abandonado o lo que sea inevitable.
Es interesante que el modelo social incentiva este comportamiento: hombres y mujeres llenos de actividades, sonrientes y poderosos, moviéndose todo el tiempo. Es una buena forma de ocupar la mente para vendernos lo que no necesitamos y mantenernos en la jaula. El tiempo es el valor más precioso en esta época; tener un tiempo para uno mismo es inestimable y es el que hace que apreciemos lo que es verdaderamente más importante.




