
Ayer, escuché que unas cuantas personas MURIERON en este año porque, a través de cadenas en Whatsapp, se las acusó de delitos como violación, por ejemplo. La gente las ajustició por mano propia, para luego enterarse de que no era real. Hubiera sido cierto o no, el tema es cómo nos dejamos llevar por noticias sin verificar su procedencia o su veracidad.
Sin llegar a estos extremos, leo frecuentemente “declaraciones” de personajes que son falsedades manifiestas. Sin embargo, muchos las creen y las comparten (porque detestan al individuo o a su idea), desplegando el odio por las redes. También, se viralizan supuestos hechos o intenciones de partidos políticos o instituciones, que son creadas por usinas de trolls para desprestigiar a sus oponentes (y que han logrado torcer elecciones en algunos países).
En un menor calibre, se reciclan continuamente noticias sobre que Facebook será pago o que Samsung regala artículos o que alguien recibirá dinero porque le das Like a su foto o que una persona desapareció (…hace dos años, fue encontrada y la foto sigue circulando) o que hay un virus peligrosísimo que dañará tu computadora o que una empresa distribuye productos dañados o que… La lista es larga pero los temas son más o menos los mismos.
Antes, nos creíamos todo lo que decían los diarios o los noticieros de la televisión. Ahora, cualquiera (con poder o no) inventa algo y lo distribuimos como una realidad, sin preguntarnos si eso será cierto o no. Nos quejamos continuamente sobre este mundo de porquería pero no nos percatamos que nosotros también lo estamos creando. Cuando nos llegan las consecuencias, culpamos a los demás, pero no tomamos en cuenta nuestros pensamientos, emociones, acciones. Todo vuelve. Seamos responsables.




