
Mi padre le temía al futuro; todo el tiempo, planeaba lo próximo, fantaseando las desgracias que irían a suceder; no gastaba en el presente para guardar; elucubraba las enfermedades que iba a tener, etc. Después de que mi hermano falleció a los 47 y luego mi madre a los dos años, él me dijo: «Siempre pensé que yo moriría primero; ni por un segundo imaginé que esto iba a pasar. Tanto tiempo perdido en tener miedo para que, al final, no viera venir mi mayor miedo…”.
Recordé esta conversación charlando con pacientes que están temerosos de lo que pudiera pasar si ellos cambian y, por consiguiente, sus circunstancias y relaciones. Vivimos en la incertidumbre. El ego odia esto y usa todos los medios para salir de ella… infructuosamente. No por nada los trastornos de ansiedad son muy comunes en estos tiempos desafiantes.
Solo podemos aprender a confiar en que lo que hoy sembramos tendrá sus frutos en el futuro, y que tenemos un camino que no conocemos pero que vendrá a nosotros cuándo y cómo nuestro Ser decida.




