
Miramos la vida por la ventanita que el ego nos deja:
“¡No voy a quedar como un tonto!” (orgullo),
“¡Él tiene que pagar lo que me hizo!” (venganza),
“¡Me voy a quedar hasta que me lo reconozca!” (desvalorización),
“¡No lo soporto, es un arribista!” (ira),
“¡Acaba de comprar un nuevo auto con ese sueldo!” (envidia).
No nos damos cuenta de que nos la pasamos DEFENDIENDO los peores aspectos y estrategias del ego, porque nos identificamos con él y creemos que eso somos. Así, en lugar de aprender y liberar esas sombras, nos quedamos en la oscuridad, ¡con tanta Luz ahí afuera! O, más exactamente, aquí adentro.
Usemos al ego como el instrumento para ser creadores responsables que realmente es y conectemos poco a poco con nuestro Ser.




