
Una muestra clara de cómo la información mental puede ser solo eso y no el motor del cambio (como muchos pregonan) es que todos sabemos que “lo que es adentro es afuera” o que “atraemos lo que somos” o que “todos somos uno”. Sin embargo, en la práctica, nos comportamos justamente como lo contrario.
Como vivimos en la era de las redes sociales, esto se percibe mucho en ellas. Es común ver personas que postean toda clase de burlas, insultos y ataques acerca de posiciones opuestas a las suyas y luego se quejan de lo mal que las tratan en la vida. Otras, por el contrario, solo postean idílicas odas al Amor Universal y, cuando algo malo les pasa (como un hurto), no paran de insultar violentamente a esa parte de la humanidad que, parece, no merece nada. Otros semejan corderitos de Dios, siempre buenos y serviciales, y después se quejan de la falta de retribución y/o la maldad de los demás, sin comprender que los límites son parte necesaria de los aprendizajes y que atraerán a los “malos” para que puedan reconocer sus partes oscuras.
En el fondo, el Universo es equilibrio (además de espejo). Si nos pasamos a un extremo, pronto encontraremos el otro afuera, ya que no lo divisamos adentro. En estos tiempos de integrar todos los aspectos, esto se hace muy evidente. Y no se trata solo de las sombras, muchas veces tampoco podemos ver las luces. Nos cuesta apreciar las cualidades y los dones que traemos, por lo que tampoco es posible ponerlos en práctica.
Habiendo tanta violencia y caos, sería bueno no propiciar más, porque pronto volverá a nosotros de una forma u otra. Y no se trata de ser “buenitos” (que no funciona) sino de ser completos y verdaderos, dándole una chance a la paz.




