Continuando con los tips para el bienestar, vamos a ocuparnos del rostro. Acumulamos mucha tensión en él. Es nuestra “máscara” frente a los demás, por lo que es bueno soltarla y volver a un semblante relajado y natural.

Con cuatro dedos, haz líneas desde el centro de la frente hasta la sien, finalizando allí con una presión fuerte o con círculos.
Por el hueso de los pómulos, arriba y debajo de los labios hacia la articulación de la mandíbula.
Debajo de la mandíbula, finalizando detrás de las orejas, en una saliente del cráneo.
También, puedes hacerlo como una caricia que libera gestos y cargas. Pasa alternativamente cada mano, abierta y blanda, primero la derecha y luego la izquierda: desde la frente hacia atrás, desde el centro de la frente hacia fuera, luego, ojos, mejillas, mandíbula, cuello, pecho, como si quisieras desprender lo acumulado, mientras respiras calmadamente, exhalando todo.

La articulación de la mandíbula está generalmente muy contracturada, a fuerza de tanto morder enojos y guardar palabras, gritos y llantos. Empuja el maxilar inferior hacia delante y mantén 30 segundos, mientras respiras.
Muévelo de izquierda a derecha, manteniéndolo adelantado.
Abre la boca lo más que pueda, junto con los labios y pon los tres dedos del medio entre los dientes (¿puedes?).
Ubica el huequito de la articulación y aprieta con ganas (grita ¡NO! o ¡BASTA! o lo que sea si necesitas descargarte).




