
Cuando mi hermano y mi madre fallecieron, mi padre, que era sumamente temeroso del futuro, me dijo: “Tanto tiempo teniendo miedo a lo que iba a pasar, planificando todo, y esto jamás lo imaginé. Siempre pensé que yo me iba a ir primero…”.
Me desgarró el corazón y sentí que también hacía lo mismo (digna hija de mi padre). Me había llenado de miedos acerca de mi hermano (que tenía un retraso madurativo), de cómo lidiar con mis padres y sus enfermedades y de muchas cosas más. En realidad, simplemente fue manejar, como pude, lo que se fue presentando y aceptarlo. No hay más secretos. La vida tiene sus propios planes.
Le tememos a la incertidumbre y nos llenamos de especulaciones y previsiones, a fin de “controlar” lo que sucederá, intento inútil si los hay. Esta pandemia es un cachetazo a la omnipotencia del ego y del sistema y una oportunidad para transformar el despropósito en que nos hemos convertido.
Sin estímulos exteriores, sin ningún lugar donde ir, solo queda el camino interior. Quien lo recorra consciente, presente, amoroso aportará su energía al cambio que estamos activando entre todos, aun sin saberlo, no solo de esta vida sino de una larga estirpe de dolor, sufrimiento, enfermedades, decretos, etc. Seamos amables con nosotros mismos y los demás.





2 respuestas
Hermoso
Gracias, Rosarito! Encarnemos la confianza…
Te mando un cariñoso abrazo.