
Cuando esta cuarentena comenzó, me propuse escribir un Curso que tengo hace tiempo en la cabeza, hacer mi gimnasia de estiramiento, comenzar alguna actividad creativa (dibujar, bailar, etc.), escuchar más música, etc., etc. y además etc.
Hasta ahora, no he hecho casi nada. ¡Chan! En general, no soy de moverme mucho y también soy una procastinadora serial, así que sería como habitual lo que sucede. Entonces, ¿por qué nos proponemos tantas cosas? En parte, porque nos da una sensación de normalidad y de orden que son necesarias. Viene bien hacer el pequeño esfuerzo inicial de mantener una rutina (bañarse, por ejemplo, jaja!) o aprovechar para realizar cosas que posponemos (como ordenar la casa y el placard). Seguir alguna práctica, como la que publiqué ayer, tiene sus recompensas y nos brinda aprendizajes interesantes. Supongo que, a medida que el encierro comience a hacer más efecto, haré algo.
Por otro lado, Hacer es un mandato genético para la mayoría y se siente raro no seguirlo. El lado B de ello es que lo usan para no conectarse consigo mismos y seguir los caprichos de la mente, que siempre quiere más, no solo en cuanto a estar ocupados sino a desear cosas: más aparatos, ropa, viajes, cursos, libros, experiencias, etc. Esta idea de que “Más es mejor”, instalada por el consumismo, es algo que nos estamos replanteando en este parate: ¿realmente es tan necesario tener, hacer, ser tanto?
No solo nosotros nos exigimos sino que también lo hacemos con los que están alrededor, instándolos a ocuparse, a estudiar, a ayudarnos. Esta demanda (que ya viene de antes y se intensifica en la convivencia forzada) puede estallar en el momento menos pensado. Los chicos y adolescentes, más que estudiar lo que se van “a perder”, necesitan acompañamiento, cariño, cuidado, atención, porque también están asustados y absorben nuestra preocupación y temor. Jugar, charlar, escuchar puede ser más apropiado ahora. Las relaciones de pareja se verán afectadas mucho y finalmente quedarán en pie las que deban continuar.
El gobierno dice que estas no son vacaciones y tienen razón, pero pueden serlo de los condicionamientos cotidianos, de las formas de conexión habituales, de la 3D asfixiante. Tenemos un período de tiempo interior para ocuparnos de nosotros mismos, limpiarnos, sanarnos e iniciar distintos, con la Nueva Energía que está entrando inexorable y luminosa. Si hacemos, bien y, si no hacemos, también. Seamos.
(La semana próxima pondré mis Cursos y Diseño Humano con descuentos para los que deseen aprovechar este tiempo).




