Vibremos nuestra frecuencia y atraeremos lo que necesitamos aprender y contribuir.  Así, seremos valiosos y aportaremos a Todo Lo Que Es, siendo nosotros mismos.

 

Usé la palabra “evangelización” (no en el término religioso) en un reciente escrito porque eso es lo que siento cuando alguien me apremia que piense como él o que haga lo que él hace, generalmente algo que recién ha descubierto o en lo que es bueno.

 

Me molesta muchísimo que quieran imponerme los intereses propios en lugar de respetar los míos: ese tema usual del “todos”.  Todos tendrían que… ser vegetarianos, salvar el planeta, adoptar una mascota, luchar contra el sistema, despertar, ser emprendedor, comer sano, meditar, y una larguísima lista de “deberías”.  ¿Y la individualidad en dónde está entonces?

 

Cada uno viene con su diseño, sus facilidades, sus aprendizajes y sus intereses.  Nuestro propósito está relacionado con ellos y es lo que venimos a dar y recibir.  Cuando nos desviamos por lo que “deberíamos” hacer, no cumplimos lo nuestro y el mundo se queda sin ello.  ¿Qué bien hacemos entonces?

 

Vibremos nuestra frecuencia y atraeremos lo que necesitamos aprender y contribuir.  Así, seremos valiosos y aportaremos a Todo Lo Que Es, siendo nosotros mismos.

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