
Cuando una persona despierta, lo hace tres veces. Primero, a la luz: se siente maravillada por todo lo que no había percibido, moviliza sus mejores partes, quiere compartir eso con los demás, es como el enamoramiento.
Después de un tiempo, despierta a la oscuridad: percibe esas facetas que no había querido ver o aceptar y que había proyectado en otros, encuentra los esqueletos en el ropero, siente las emociones que había negado, reconoce la potencia de ello.
Finalmente, despierta a su Ser: descubre su individualidad sagrada unida a la de Todo Lo Que Es, sus dones y aportes, su originalidad y creatividad al servicio.




