Tus paradigmas definen tu mundo: ¿los has revisado?

Es preciso madurar.  No podemos andar por la vida con lo que resultó después de la adolescencia. 

 

Un paradigma es, entre otras cosas, un modelo o patrón aceptado por una determinada comunidad.  ¿Qué tiene eso que ver con nuestra vida?  Pues, nosotros, al nacer, cargamos con los paradigmas de nuestros padres, la historia familiar, la sociedad, la religión y unos cuantos más a lo largo del tiempo.

 

Es tan intrincada la maraña de influencias a las que nos sometemos que terminamos desconociendo nuestro diseño de base y yendo para donde sopla el viento, desorientados y confundidos.  La “normalización” es un proceso complejo, en el que damos por sentado lo que nos rodea, las reglas y el orden impuestos.  Obviamente, tiene sus beneficios; el problema está cuando ella va en contra de nuestra naturaleza esencial.

 

En general, después de la adolescencia, damos por terminado nuestro desarrollo.  Lo que quedó, quedó: este soy yo, esto es la vida.  A menos que tengamos graves problemas que nos obliguen a reconsiderarlo, tendemos a confiar en los paradigmas adquiridos.  En un mundo en constante cambio, con giros impredecibles, se nos dificulta aplicarlo continuamente, ya que las nuevas situaciones requieren adaptación y manejo de la incertidumbre, cosas que a lo establecido le resulta complicado.

 

Hay personas más fijas que otras, pero estamos en circunstancias que demandan acomodación incesante.  Si no revisamos quiénes somos y nuestro marco de referencia, seguramente reaccionaremos con nuestras peores facetas, esas que son temerosas e inseguras.  Recurriremos a escudarnos en las partes rígidas y retrógradas, a intensificar las defensas y a cerrarnos ante lo nuevo.  Nada de esto nos apoyará a gestionar adecuadamente nuestra vida.

 

 

Debemos reconsiderar las suposiciones que arrastramos, preguntarnos quiénes somos, con qué recursos contamos, cuáles son nuestros aprendizajes (la Carta de Diseño Humano te puede ayudar claramente) y cuál es nuestro paradigma.  Si está lleno de prejuicios, miedos, desequilibrios, idealizaciones exigentes,  desconfianzas internas y externas, escenarios espantosos, falta de metas realistas y otras yerbas dañinas, no hay dudas de que deberemos cambiarlo.

 

Es preciso madurar.  No podemos andar por la vida con lo que resultó después de la adolescencia.  Parece duro, pero es lo que es.  Nuestra emocionalidad es la del   Niño Interno y nuestra mente la del Adolescente.  Estamos en tiempos difíciles y no mejorará.  Requieren que confiemos en nuestra Individualidad.  Trabajemos a nuestro favor, en lugar de sostener nuestras peores facetas.  La tarea debe ser hecha, no hay escapatoria.  Hagámoslo porque deseamos ser y hacer lo que está en nuestro camino desde el inicio.

 

Estamos en una semana de mucho apoyo Energético.  Si te enojas o te entristeces por tu realidad presente, usa las emociones como una motivación para transformar tu vida, para conectar con tus verdades.  Recibirás ayuda para cambiar, solo si asumes tu compromiso.  El futuro lo hacemos entre todos.  Te acompaño.

 

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