Una paciente me cuenta una discusión con su marido, en la que claramente estaba defendiendo lo indefendible: el tema no era si tenía razón o no (como ella lo planteaba), sino que escudaba una parte de sí misma que era detestable, con el falaz argumento de “Así soy yo”. ¿Te sientes identificado? Si no, es que no te conoces lo suficiente…
Todos lo hacemos, porque el ego es orgulloso de sus aspectos, sobre todo si son negativos. Basta que alguien nos señale algún defecto, para que salgamos a justificarlo con uñas y dientes: “Lo que pasa es que mis padres, que yo, que el país, que la vida…”; siempre tenemos un pretexto. ¿Estás acordándote ahora?
Parece insano que usemos esa estrategia: defender lo peor de nosotros. Pero, cuando somos inconscientes de ello, tiene una razón: son esos lugares en donde nos sentimos débiles y carentes, así que los protegemos para que no los dañen. Por eso, saltamos enseguida cuando los mencionan o los tocan.
El problema es que, haciendo esto, seguimos debilitados e insuficientes. Esos aspectos están allí para que nos demos cuenta y los trabajemos, ya que nos traen cualidades que no conocemos, a la vez que nos permiten elaborar conciencia, perseverancia y fortaleza. Son pasajes de la oscuridad a la luz.

Le contaba a mi paciente un episodio que fue fundante para mí, en el que una compañera me enrostró muy agresivamente, en medio de un grupo al que recién había entrado, una serie de actitudes mías. Sentí el impulso de contestarle, llena de ira, pero no daba la situación ni quería hacerlo. Me contuve y pasé los siguientes tres días… viendo que tenía razón. Me tragué el orgullo y acepté que eso venía de no seguir mi Estrategia (acababa de conocer Diseño Humano). En mi interior, le agradecí que me permitiera darme cuenta de esto y me quedé en paz.
Cuando nos encontramos de nuevo, fuimos a un café con el grupo y ella “casualmente” se sentó enfrente y me trató como si no hubiese pasado nada. Nos hicimos amigas y nunca hablamos del asunto. Ella había sido el conducto para que yo reconociera algo que era fundamental para mí, pero que no servía cómo lo hacía y que cambié a partir de ese momento. Ese es el regalo de la Luz.
Muchas veces, digo que trabajar con el ego es humillarlo. Cuando nos quedamos en el orgullo falso de defender nuestras partes nocivas, nos perdemos la oportunidad de conocer nuestras partes maravillosas. Cuando abandonamos las justificaciones (nuestros padres, las anteriores generaciones, las vidas pasadas, cualquier cosa), podemos elaborar lo que trae el presente, que contiene todo eso. No se arregla en el pasado ni en el futuro, sino en el aquí y ahora. Paradójicamente, ello arregla el pasado y el futuro también.




