
Charlábamos con una paciente acerca de su (detestado) trabajo y lo que él le enseñaba. En principio, odiar hace que nuestra vibración “prefiera” eso a otra cosa: es una emoción tan fuerte que es como decirle al Universo “esto me gusta”, es en lo que invierto mi energía. Por lo tanto, es difícil salir de ahí.
Por otro lado, es la escuela donde aprendemos… y no saldremos de ella hasta concluirlas. Entonces, en vez de huir precipitadamente (y caer en otra peor), es mejor calmarnos y observar qué trabajo interno es necesario realizar. Cuando lo hayamos hecho, la Vida nos traerá algo nuevo, relacionado con ese progreso. Lo que aprendamos allí, lo utilizaremos en lo que venga.
Obviamente, esto no rige para espacios en donde somos castigados y abusados. De allí, sí hay que salir rápido y buscar referentes que nos enseñen a respetarnos, amarnos y vivir mejor. Pero, en general, los lugares y las relaciones en los que estamos constituyen la escuela en donde aprendemos las lecciones que traemos.




