
Cuando comenzamos el camino del despertar, existe la fase del enamoramiento, la de la desilusión y la del amor. En la primera, creemos que todo será maravilloso y sencillo, que ya sabemos todo y que podremos todo. Tanto es el impulso, que salimos a evangelizar, a dar la buena nueva, a convertir a los otros, pobres dormidos.
Después del enamoramiento, comienza la fase de darnos cuenta verdaderamente cómo somos, cómo es nuestra vida y sus interminables condicionamientos. Se acaba la energía del inicio y nos desilusionamos de las fantasías que hemos tejido. Ahora, es trabajo, es desmontar capa por capa esos velos que nos impiden ser nosotros mismos. Nos interiorizamos y el afuera se achica. Dejamos de querer comernos el mundo y vamos paso a paso, así como las cosas se van presentando.
Luego, viene la fase de conocernos, aceptarnos, develar el potencial, amarnos. Y todo esto inicia y finaliza una y otra vez porque son niveles de aprendizajes que se superponen y surgen profundizando nuevos desafíos, dones, vínculos, situaciones… la Vida…




