En el pasado, la religión brindaba todas las respuestas, tanto materiales como espirituales, y lo hacía como una verdad revelada. Pocos la discutían y los que se atrevían eran Herejes y, generalmente, terminaban en la hoguera. Hemos pasado de la tiranía de la religión a la de la ciencia. Aunque la ciencia no predica eso, parece estar comportándose así…
En el fondo, la ciencia es el intento (laico) de explicar el mundo. Lo hace a través de experimentos de Prueba y Error constantes, pero, en cada época, la gente (y muchos científicos) consideran que eso que se encontró como demostración lo es acabadamente. No lo es. Nuevas pruebas pueden refutarlo. El problema ahora es que hay mucho dinero y poder detrás de ciertas explicaciones, que convienen a algunos.
Así como la religión exige fe, la ciencia exige confianza. Se piensa que los dogmas religiosos son inalterables y no es cierto; basta hacer un breve recorrido por la católica para observar cuánto han cambiado desde sus inicios. Lo mismo sucede con la ciencia, y con más frecuencia ahora, debido a los adelantos técnicos. Ni la fe ni la confianza que se solicitan tienen bases sólidas y perdurables…
Por mi parte, nunca creí en la ciencia ni en los médicos ciegamente. Como he sido una buscadora de información voraz, que luego encuentra su propia síntesis dentro de tantas posibilidades, he ido formando mi concepción individual acerca de las cosas. Por ello, solo escucho y luego decido. ¡Y menos mal que lo hice! En cuanto a salud, me salvé de cuatro operaciones (imprescindibles) y de tomar pastillas (para toda la vida).

No es solo por información. Escucho a mi cuerpo. Él sabe. No nos han enseñado algo tan vital como esto: decide la mente, y resulta que ella está influenciada por los condicionamientos familiares y sociales, por lo que no está en contacto con lo que realmente sucede, sino con lo que le dicen que “es”. ¿Y si no es?
Fue un largo aprendizaje confiar en el cuerpo (tengo el Centro del Bazo Sin Definir). He pasado por muchas enfermedades desde que nací y he tenido decenas de síntomas, pero era mi forma de entrenar mi sistema inmunológico y de aprender acerca de mí misma y de mi resiliencia. Ninguna enfermedad ha dejado consecuencias importantes y podría decir que estoy más sana ahora que a los veinte. Soy una Hereje y cuestiono y aprendí que todo pasa, yo paso. La Esencia permanece inalterable.
Cuido a mi cuerpo, lo escucho, lo protejo; tampoco de una manera obsesiva, como muchos que se pasan de un extremo al otro y terminan sometidos por lo “sano y natural”. Me ha sido bastante leal hasta ahora. Me debe escuchar también. Tengo ciertos lineamientos acerca de la salud y de cómo quiero existir, y le hablo para que vivamos de esa forma, sin caer en la paranoia personal y social.
Estamos ante un cambio enorme y pasa por el cuerpo. Si no tienes una buena relación con él, si te dedicas a la mente y al “espíritu”, dejándolo de lado, solo te estás engañando. Y te lo hará saber, más temprano que tarde. El cuerpo es el que está conectado a Todo. Respira, silencia tu mente, escucha…




