
Si hay algún lugar en donde el infierno (si existiera) se hace soberano, es en la mente. Antes con la pandemia, ahora con lo que sucede entre Rusia y Ucrania, luego con lo que sea, tiene terreno fértil para atiborrarse de ansiedades, elucubraciones, supuestas catástrofes, y tonterías de toda clase.
Sea que se llene de informaciones ajenas o se obsesione con las propias, la mente no encuentra paz nunca. Solo salta de una cuestión a otra, sin hallar soluciones ni sosiego. Es su naturaleza si no aprendemos a reeducarla, al descubrir paz dentro nuestro, en el corazón, en el Ser. Si ese es el centro, si esa es la estabilidad, entonces podremos conducirla hacia pensamientos que se nutran de ella, que se enraícen en la Luz que brilla permanente.
El afuera siempre cambiará y moverá a la mente como el viento, de un lado a otro. Pero, si persiste anclada a lo esencial, podrá sostener y expresar valores amorosos y pacíficos. La verdad pasa por el cuerpo, que está arraigado a la Tierra y conectado al Cielo, como los árboles.




