La terapia dolorosa es reflejo de la vida dolorosa que nos inculcaron.

Nuestra Alma conoce el camino a la Luz y es creativo, alegre, amable, individual, conectado.  ¡Busca por ahí!

 

Una mujer me consulta y, después de unas preguntas, me dice que no comenzará sesiones porque está cansada y no quiere sufrir; mejor se irá de vacaciones (como si sus problemas se terminarán por eso).  Una paciente me cuenta que su Niña Interna (sola y victimizada) la tiraniza cuando algo le sale mal; le digo que no le está explicando que eso ya no está sucediendo y que ha logrado todo lo que soñaba; en lugar de traerla a la luz, la deja sufriendo en la oscuridad, en vez de aliarla con la otra Niña Interna, esa que está conectada al Alma y sabe cómo contribuir.

 

Desde siempre, la terapia o cualquier trabajo de desarrollo personal están vinculados al sufrimiento, al retorno a las condiciones dolorosas de la infancia o de momentos angustiosos de la vida, a las faltas y las fallas, a las imposibilidades y las necesidades insatisfechas… lo mismo que su contrapartida física: un foco en las enfermedades y  no en la salud.

 

Ha habido un intento de salir de este escenario, pero generalmente se ha pasado al otro extremo: el positivismo vacío de contenido.  Todos tenemos que ser felices, no ver lo negativo, vivir en una burbuja.  Es algo muy funcional al capitalismo feroz que atravesamos; ya no somos empleados u obreros sumidos por condiciones autoritarias sino emprendedores que trabajan el doble y creen que son libres, cuando solamente se están autoexplotando alegremente.

 

Por otro lado, es necesario analizar el contexto en el que se encuentra la terapia.  Nos han inculcado que la vida es sufrimiento, lucha y carencias.  Y, si observamos a la mayor parte de la humanidad, es así.  Pero, ¿debe ser así?  Es muy difícil salir del condicionamiento adquirido por siglos, de la clase social en que nacimos, de las construcciones mentales que nos infundieron la religión, el gobierno, la familia.  ¿Y si pudiera ser de otra forma?  ¿Y si eso fuera una manipulación que sumerge e inhabilita a nuestra Alma?

 

 

Entonces, no es de extrañar que la terapia esté basada en una visita continua a nuestros peores momentos e ideas.  Y en una acomodación a las condiciones sociales imperantes.  «Estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma no es una buena forma de medir la salud», dijo Jiddu Krishnamurti y tenía razón.  Así como debemos replantearnos qué significa estar vivos y cómo, sería interesante hacer lo mismo con cualquier labor de autoconocimiento.

 

Yo lo hice, primero para mí y luego para mis pacientes.  He pasado por vicisitudes muy dolorosas, desde niña y a lo largo de muchos años.  He caído a unos cuantos “fondos de pozos” y pasado bastantes “noches oscuras del alma”.  En un momento, me planteé qué necesidad había de ello.  Si yo me daba cuenta cuándo un cambio era necesario, ¿para qué lo posponía, lo rechazaba, lo hacía más complicado?

 

La respuesta es que el ego es obstinado, teme a lo nuevo y al cambio, se aferra a lo que le funcionó y no lo suelta a menos que las circunstancias lo obliguen.  También es cierto que no hacemos nada para ayudarlo, para mostrarle que otras circunstancias son posibles, que hemos adquirido recursos de toda índole, que los tiempos cambian y existen otras posibilidades.  Somos apáticos, acomodaticios, temerosos, y gastamos enormes cantidades de energía y emocionalidad soportando lo mismo y lo viejo…  ¡Qué paradoja!

 

No es necesario vivir ni llevar adelante un trabajo terapéutico con estos conceptos, que nos menoscaban, sacan lo peor, niegan los potenciales, se aferran a doctrinas  perimidas, nos consumen en la oscuridad.  Nuestra Alma conoce el camino a la Luz y es creativo, alegre, amable, individual, conectado.  ¡Busca por ahí!

 

Comparte:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

captcha

Sobre Diseño Humano

No te pierdas ninguno.

Suscríbete al boletín semanal

Recibe un email semanal con consejos, reflexiones y recursos, directamente en tu casilla de correo.

Categorías

Sígueme