¿A qué ilusión te aferras que no sueltas lo que te daña?

En el fondo, ¿cuál es la primera idealización, la que genera el resto?  Nosotros mismos. 

 

Hace mucho tiempo, estaba en una relación que era perjudicial para mí y quería terminar,  pero me costaba hacerlo.  Charlando con una amiga, me comenta que a ella le había pasado lo mismo y que se había dado cuenta de la razón: estaba esperando una fantasía que nunca se había cumplido… y que no se cumpliría.  Pensándolo con total honestidad, comprendí que así era para mí también, lo cual me ayudó a cortar.

 

Todos pasamos por esto: cuando establecemos un vínculo (sea con una persona o con cualquier cosa), de manera generalmente inconsciente, creamos una ilusión acerca de la forma en que se desarrollará y lo que obtendremos de él.  Ponemos muchas expectativas en esta idealización y, cuanto más significativa es la conexión, más grande es la energía que le ponemos.

 

Obviamente, el primer embeleso son los padres, esos héroes míticos que nos proporcionarán todo en este mundo.   A medida que crecemos, caemos en cuenta de que son solo seres humanos, imperfectos y carentes, pero eso no significa que soltemos las esperanzas.  Nuestro Niño Interior no conoce de tiempos ni de realidades, así que sigue atrapado por sus necesidades y esperando que sean satisfechas.

 

Por un contrato kármico y por la forma en que todo está estructurado, nuestros padres nunca nos darán lo que vinimos a aprender, así que está en nosotros liberarlos y darnos lo que necesitamos.  Nos resulta difícil y puede ser la tarea de una vida, pero no hay otro camino.  Aun así, nuestros padres pueden ser personas con grandes problemas y aceptarlo implica que nos alejemos lo preciso para no terminar lastimados.

 

 

Si no hicimos esta labor, lo más probable es que pasemos estas expectativas a nuestras parejas: ellas serán el nuevo “todo” que nos sacarán de la infelicidad.  Sea que las llenemos de brillantes cualidades (que no tienen) o que les carguemos las ilusiones por nuestros padres o propias (que no pueden realizar) o cualquiera otra (que para eso hay cantidades), el tiempo volverá a mostrarnos las falacias incumplibles.

 

Este mecanismo es infinito y lo aplicamos a lo que sea: amigos, grupos, trabajos, estudios, viajes, cosas, sucesos, etc.  Los investimos con una ilusión y nos decepcionamos de los resultados, pero seguimos aferrados porque no nos damos cuenta de que son fantasías, pero… es que no hay cosa más terrible que soltar algo que nunca existió. 

 

En el fondo, ¿cuál es la primera idealización, la que genera el resto?  Nosotros mismos.  Hemos creado un modelo perfecto en algún momento de nuestra vida, que creemos que logrará atraer todo lo que necesitamos.  Aunque la realidad nos demuestre que no somos así, lo seguimos alimentando (con sufrimiento y desencanto).  La persistencia mal encarada…

 

Por eso, conocerte verdaderamente es la solución.  Sanando a tu Niño Interno, le mostrarás que eres suficiente tal cual eres, que posees todas las cualidades para tener la vida que deseas (acorde a quién eres y no a los condicionamientos), que existe un camino que puedes transitar con sencillez y abundancia, que hay personas con quienes estar acompañado desde la autenticidad y la aceptación, que el mundo es amable, que no estás solo porque tu Ser es guía y apoyo.  Date amor porque eres Amor.

 

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4 respuestas

  1. Buena reflexión. ¿Y cómo desidentificamos lo que no es real de nosotros? Creo que quiero muchas cosas de mí mismo que en realidad no quiero tener, pero creía que las quería. Ya sabes… mi autoexigencia.
    En fin, me ha venido bien leer hoy esto. Gracias Laura

    1. Angel, ponemos mucha energía y enfoque en eso que creíamos querer. Es cuestión de sacárselo y desviarlo hacia lo que verdaderamente somos. Como es más simple y fácil ser lo que somos que lo que nos venden, tiende a ser rápido. Gracias a ti!

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