En anteriores reflexiones, comenté que el amor es una de las claves para la creación a partir de ahora: amar lo que somos, lo que hacemos, lo que tenemos (y agradecerlo cada día). El problema surge cuando vivimos disconformes con todo (y no hay quien no lo esté en esta cultura de la carencia, que debe ser llenada con consumo).
Una situación común es estar en un trabajo que se detesta y soñar con el ideal. En principio, ¿piensas que vas a crear algo bueno desde una vibración de odio, queja, resentimiento, crítica, manipulación, abuso, y demás conductas negativas que se suelen dar desde ese lugar?, ¿piensas que, juntándote con otros en la misma posición, tendrás mejores posibilidades? NO.
Si estás (o estuviste: el karma continúa) sintiendo esto, cambia. Atraerás en función de tu energía, así que no esperes que se te abran oportunidades si solo sientes rencor y te ves como una víctima. Si no puedes amar tu circunstancia (sé que es difícil, no pido tanto), por lo menos sé neutro, acéptala como una parte de tu aprendizaje, averigua cuál es y pon manos a la obra. Saldrás de ahí cuando lo trasciendas.

El otro tema es creer que todos somos emprendedores y que, simplemente porque es “mi pasión” o “lo que amo hacer”, todo se dará automáticamente. Está comprobado que menos del 20% supera el primer año. En principio, no cualquiera puede ser un trabajador independiente; se requieren de muchas condiciones. En segundo lugar, se necesita un plan claro y realista.
En estos tiempos de enormes cambios (seguramente, lo estás sintiendo en tu cuerpo, en tu energía, en nuevas necesidades que aparecen, en la imprevisibilidad diaria), estamos siendo desafiados a soltar las idealizaciones, a ser brutalmente sinceros con nosotros mismos, a vivir en el aquí y ahora, a crear desde un nuevo paradigma que todavía está asentándose. Es complicado, pero enormemente valioso y único. Te acompaño.




