Anegada (un escrito que te puede reflejar)

En tiempos difíciles...

 

Ella se da vuelta en la cama.  Por centésima vez.  Las sábanas arrugadas la envuelven como una mantita reconfortante.  Se adaptan a su cuerpo, la acunan con una suavidad añorada.

 

Con la cabeza tapada, huele el olor concentrado de días.  Inhala su propia esencia, tibia y levemente agria.  Exhala largo, como un suspiro, como un desmayo.  Los ojos pegados de lagañas no quieren abrirse.  La oscuridad la protege.  Es mejor así.

 

El estómago gruñe.  Arde, duele, quema.  Se vuelve boca arriba.  En esta posición, parece punzar menos.  Se pone las manos encima, buscando calmarlo.  De pronto, le saltan lágrimas.  Se deja llorar.  Comienza con dos hilos de agua que mojan la almohada.  La respiración se acelera y no lucha.  El pecho sube y baja, como olas violentas en un mar indiferente.  Llegan a su estómago, movilizando el ácido.  La panza se desgarra en una marea inclemente.  Toma todo su cuerpo, llora a gritos. Poco a poco, el agua se va calmando.  Inundada, respira profundo y se tranquiliza.

 

Se levanta y mira por la ventana.  La ciudad duerme, sin importarle.  Los edificios apenas se recortan contra un cielo negro encapotado.  La lluvia todo lo difumina.  La mirada se pierde, sin punto fijo, sin enfoque, sin futuro.  Un relámpago enciende la noche a lo lejos.  Vuelve a la cama, justo cuando un trueno, retumbando, la disuelve en la nada.

 

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