
Un paciente me cuenta que, por muchos años, fue con una “Maestra” y que últimamente no está de acuerdo con sus postulados; cuando se lo hizo notar, ella se enojó y le discutió sus ideas. Se sentía culpable y cargado y no sabía qué hacer. Le dije que no importa quién sea, él tenía que validarse a sí mismo y confiar en sus respuestas internas.
Por otro lado, un Maestro (o un terapeuta) debe realzar el diseño de quien lo consulta, no imponer el propio. Sobre todo, debe dar libertad en todos los sentidos; de lo contrario, no respeta ni convalida el Ser de esa persona. Puede dar consejos y prácticas que considere de ayuda, pero está en el otro lo que quiere y puede. Me dice al final: “Me sacaste un enorme peso de encima y me diste alas”.




