Es más sencillo destruir que construir.

 

Cuando era niña, furiosa, tiré mi muñeca al suelo y se le rompió un ojito. Me sentí devastada. Por un lado, entendí las consecuencias de una ira descontrolada. Por otro, comprendí que era más fácil y rápido destruir que construir.

 

Solo lleva unos minutos arruinar algo que llevó mucho levantar. Por eso, también nos resulta más sencillo odiar que amar. Crear y amar son aprendizajes que llevan tiempo, cuidado, perseverancia, apertura, entrega, confianza y cualidades que enaltecen y enriquecen. Aprendamos…

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