Le acaban de ofrecer una oportunidad a una paciente y ella duda de su capacidad (no solo profesional) para llevarla a cabo. Y se me enciende otra vez una alarma; desde hace un tiempo, noto algo común en la mayoría de los que estamos en el camino del Despertar: seguimos tratándonos como si no hubiéramos hecho nada.
Cuando analizamos sus razones para no tomarla, se trata de excusas viejas, de justificaciones que perdieron su validez, ya no es esa persona, pero ella siente que son bastante reales. “¿Quién lo siente?”, le pregunto. Después de descartar una a una sus explicaciones, me tiene que aceptar que es su Niña Interior.
Tendemos a idealizar a nuestros Niños. Parece que son criaturas llenos de heridas, abandonos, humillaciones, culpas, rechazos y otras malas yerbas. Es cierto, pero también son los dueños de las más preciadas emociones, de la inocencia, del entusiasmo, de la creatividad, de la valentía, de lo ilimitado (¿y por qué no?), de muchas maravillas que nos impulsaron a crecer, a pesar de todo.
Como nos gusta victimizarnos, le ponemos más atención a los traumas que a los dones y los escuchamos más cuando se quejan que cuando se alegran. Así, los convertimos en pequeños tiranos, que nos atormentan con sus limitaciones y problemas hasta el fin de los tiempos. Nada es suficiente para ellos y seguimos atados a sus sentires iniciales.

Pero resulta que hemos hecho un largo camino de desarrollo, de conciencia. Hayamos hecho terapia o no, han sucedido tantos acontecimientos a lo largo de nuestra existencia que hemos logrado superar, que ya no estamos parados en el mismo lugar del comienzo. Hemos conocido otras formas de ser y vivir, hemos soltado restricciones y superado circunstancias notables, hemos sacado un potencial de fortaleza y resiliencia que nos ha puesto en otro espacio.
Sin embargo, la voz infantil sigue ahí, movilizando el fondo fangoso, sin dejarnos subir a la superficie, para surfear las olas desafiantes de la Vida, con alegría y entusiasmo. Es hora de apropiarnos de nuestra evolución, de tomar al Niño y mostrársela, de poner límites y de ser los Padres que necesita, dándole apoyo y contención, de ser Aliados en esta etapa del Despertar.
Así, podrán resurgir esos aspectos maravillosos que porta, esas posibilidades creativas y ese poder inagotable que moviliza lo que sea. El Niño Interior es la conexión con nuestra Alma. O lo condenamos a ser el portavoz del ego o lo enlazamos a ser el mediador de la Luz y el Amor. Tú eliges.




