Estrategias para cerrar el oído y la mente.

En la sociedad, oscilamos entre discursos únicos/totalitarios y multitud de alternativas, muchas de ellas sin sustento.  Los que tienen una mente definida, fija, buscan convencer e imponer su discurso cerrado a los demás.  Esto propicia  confusión, diálogo de sordos, cansancio mental, interrupciones continuas, hartazgo de escuchar lo mismo, incomprensión, acatamiento de consignas perimidas, conspiraciones varias, etc.

El oído no descansa y la mente menos.  Debemos aprender a buscar el silencio (tanto interno como externo); a poner límites a las charlas inútiles, a la búsqueda constante de información que luego no se usa, a las frases repetidas, a querer convencer a los que nunca cambiarán su discurso porque es el único que tienen, a las habladurías.  Sobre todo, tenemos que aprender a limpiar nuestra mente de la basura que nos condiciona y a tener ideas propias que nos sirvan a la vida.

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