Cómo afrontar el desafío del cambio de conciencia.

En estos tiempos, todo se mueve tan rápidamente que el cambio se nos presenta sin que podamos evadirlo y allí estamos, braceando en aguas turbulentas, medio ahogados, chocando con troncos y basura.  El que está consciente tanto como el que no lo está; todos atravesamos las dificultades propias de una transformación tan profunda que es inédita.

 

“Eso es del ego”, me dice cada tanto algún paciente, a fin de explicar una actitud que no le gusta.  “Todo es del ego, no intentes justificarlo así para no lidiar con ello”, le respondo.  Y se ríe porque sabe que eso es lo que hace.

 

Parece que la espiritualidad debe ser aséptica, pura, celestial, culposa, exigente, plena de humo de sahumerio y mantras.  Y, sin embargo, es terrenal, frágil, dudosa, doliente, contaminada, ambivalente.  Estamos encarnados y llevamos las huellas de cientos  de vidas.  Cada una tiene sus lecciones aprendidas y pendientes, sus pactos y alianzas, sus decretos buenos y malos, sus memorias, sus heridas.

 

Cuando nos proponemos idealizaciones inalcanzables, nos forzamos y nos lastimamos, porque le sumamos una expectativa irreal a algo que ya cuesta muchísimo.  Estar encarnado en estos tiempos es, de por sí, sumamente estresante y complicado.  Las Energías de mutación que atravesamos se perciben estemos despiertos o no y el mundo se presenta caótico y muy variable.

 

El ego es una máquina a la que le cuesta cambiar, iniciar, arriesgarse.  Si encontró un status quo, no lo quiere exponer, aunque ya sea incómodo o estrecho o doloroso.  Se necesita mucha motivación para salir de él y por eso tiende a dejar que las cosas se salgan de control y, cuando es inevitable, da el salto.  Algunas veces, las consecuencias que acumuló son tantas que ese salto está lleno de sufrimiento, amargura y nulidad.

 

Sin embargo, en estos tiempos, todo se mueve tan rápidamente que el cambio se nos presenta sin que podamos evadirlo y allí estamos, braceando en aguas turbulentas, medio ahogados, chocando con troncos y basura.  El que está consciente tanto como el que no lo está; todos atravesamos las dificultades propias de una transformación tan profunda que es inédita.

 

 

Para la mayoría, la incertidumbre inherente a la vida es cada vez más adversa.  El ego siempre buscó la seguridad para amainar esa sensación horrible y pareció que la había encontrado en el mundo moderno, tan afecto a controlar y dar sensación de omnipotencia.  Pero son falsos sustitutos y todos sentimos la ansiedad del cambio y de lo desconocido.

 

Es más fuerte en quien está “despierto”, una forma de describir a alguien que tiene una autoconciencia que le permite ver los diferentes niveles de existencia.  Pero ver no significa gestionar.  Aquí es donde las idealizaciones hacen más daño, porque no solo debe hacer frente a los mismos desafíos que el resto, sino que se persigue porque no está cumpliendo con los altos estándares que se fijó.

 

La espiritualidad que se precisa ahora no es volada, errante por dimensiones de hermosos colores y fantasías.  Es terrenal.  Es corporal, material, práctica, cotidiana, integrada.  Cada acto diario nos conecta con nuestro propósito, con las plantillas de mutación energéticas, con el vasto Universo y su evolución.  No hay que salir a él, hay que entrar en él, a través del cuerpo.  “Cada día tiene su afán” es una realidad, ya que nuestra alma nos presenta los desafíos que necesitamos a cada momento; no nos adelantemos ni queramos más.

 

¿Cómo lo haces?  “Simplemente” aceptando quién eres y lo que es.  Te habrás dado cuenta de que las comillas son irónicas.  Nos cuesta mucho, después de haber sobreestimado tanto nuestro ego y nuestra “misión” (otro sarcasmo), bajarnos del caballo y comprender que nuestra misión es nuestro diseño, eso que trajimos para compartir y para aprender.

 

Sé amable contigo mismo.  Sé paciente y compasivo; date descansos (este proceso es muy exigente físicamente); respira frecuentemente, toma agua, estírate; aprende simples recursos que te sirvan para gestionar tus aprendizajes y aplícalos con constancia; aléjate de las personas y situaciones que te agreden; comprende que necesitas soledad y cuidado.  Aquí estoy para acompañarte.

 

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6 respuestas

    1. Muchas gracias, Claudia! Este es un año MUY fuerte, de definiciones, por lo que es lo mejor que puedes hacer: mirar lo que ya no vibra contigo, soltarlo y crear lo que está acorde a tu corazón. Te mando un gran beso.

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