En una sesión con una paciente, trabajando con su Niña Interior, ella pregunta qué significa amarse, que siempre escucha eso pero que no sabe cómo hacerlo. Era una cuestión totalmente válida, ya que no nos enseñan algo tan importante; se supone que aprendemos con la vida, pero muchas veces es muy difícil si nuestro Niño está atascado y dolido por lo que sucedió en la infancia.
Así que le dije que, en principio, es conocer y aceptar todo lo que es. Ya que tiende a ver solo lo mala e inútil que dice que es, le pregunté en qué es buena y cómo se siente feliz. Con algunas aprensiones, comenzó a describir unas cuantas cosas y pronto se dio cuenta de que era excelente en muchas y que llenaban su corazón. Por otro lado, le pregunté en cuáles realmente tenía problemas y reconoció varias.
¿Se podía aceptar en ellas? En las buenas y las malas. Eso era amarse: reconocer que era humana, que todos somos así, que no hay nadie que sea perfecto ni completo. Lo “malo” es un aprendizaje, no un castigo ni una condena y ella tenía los suyos. ¿Lo podía ver así y vivir tranquila con quien era, sin compararse ni exigirse? Eso es fundamental, ya que usamos esas cosas para rebajarnos y humillarnos.
Eso nos lleva a la forma en que nos tratamos. ¿Podía dejar de lastimarse continuamente, de usar a los demás para sentirse inferior o superior, de utilizar el pasado para torturarse y justificarse, de imaginar eventos catastróficos en el futuro para atemorizarse? La vida sucede en el presente. Si vive hoy con lo que la vida le trae y hace su labor consciente y amablemente, ni el ayer ni el mañana pueden afectarla.

Por otra parte, ¿era cierto que sus padres no la habían querido? No, quizás no lo habían hecho de la manera en que ella lo necesitaba, pero era la forma en la que podían. Ellos también eran parte de una cadena de ignorancia y sufrimiento. ¿Podía reconocerlo y abrirse al amor que le tenían, e incluso pedir lo que deseaba? Las relaciones se construyen, no permanecen igual para siempre, y ahora era posible tener una distinta, de adulta a adultos, no de Niña caprichosa.
Eso pasa muchas veces, ya que nuestros Niños se ciegan en sus sufrimientos y demandas y debemos ponerles límites y mostrarles otras conductas para lograr lo que desean. ¿Y cómo ayudarlos? Felicitándolos cuando consiguen algo y animándolos cuando yerran otra vez. El proceso es a través de Prueba y Error, así que está bien que se equivoquen, mientras aprendan y continúen.
Nuestros padres activan esos aprendizajes (para eso los “contratamos”). Al no recibir de ellos lo que necesitamos, comenzamos a buscarlo afuera, utilizando las mismas estrategias (falladas) de nuestra infancia. Al no obtenerlo, cansados y fracasados, volvemos a nuestro interior: se trataba de dárnoslo a nosotros mismos, y entonces el círculo se completa y finaliza.
En el fondo, solo se trata de vivir siendo ella misma. Y ya lo es. Entonces, ¿para qué buscar problemas queriendo ser otra o exigiéndose perfección o logros ilusorios o soportando una mente insaciable y perversa (en el sentido de que pervierte la Verdad)? ¿Podía confiar en que su Yo adulta la iba a amar y apoyar, que juntas recorrerían el camino que era para ellas y que serían sostenidas por la Vida y Dios? ¿Puedes tú? Ese es el compromiso contigo mismo y tu evolución.





2 respuestas
Preciosa reflexión , cuando leo estas palabras me siento ldentificada en la ardua tarea de amarme y abrazar el presente en cada instante con lo q hay con lo q siento, con lo q pienso, sin necesidad de q sea diferente y poder estar presente, fundirme en la experiencia sin juicio ni valor solo experiencia pura, dejar q la vida y su sabor me traspase , un fuerte abrazo y gracias Laura por ofrecernos y compartir con nosotros tus reflexiones, un corazón siempre despierto 💕
Muchas gracias! De eso se trata: de estar en el presente, abiertos a lo que la Vida trae, no a lo que la mente cree que debe pasar ni a los condicionamientos del pasado.
Abrazo de un corazón despierto a otro…