Confía en la elección que cambiará tu vida (es la única forma)

Cada día se nos presentan elecciones, debemos decidir si hacemos lo de siempre o si nos atrevemos a lo nuevo.  Generalmente, son pequeños actos que se van enlazando hasta que nos sorprendemos distintos.  Vivir en el presente es estar en el cuerpo: ¡qué enorme desafío! 

 

Analizábamos con una paciente una encrucijada importante en su vida y, en un momento, la conecta con lo que había leído sobre las dimensiones (entrada que te recomiendo muchísimo leer).  Me dice que no distinguía bien entre ellas; aprovecho la oportunidad y le digo: “La gran diferencia es la elección; en la tercera, vives repitiendo todo, pareces que escapas del atolladero pero vuelves a entrar; la única salida real es si tomas esta decisión que estás postergando desde hace años: así, tu vida cambiará verdaderamente, porque significa que subes un nivel y accedes a nuevas experiencias.”  Lo entendió enseguida.

 

Le tenemos miedo a ese tipo de decisiones.  ¿Cuáles temores nos movilizan?  Ansiedades como sentirnos rechazados, no tener claridad, estar caóticos, ser desafiados, no conocer las respuestas (por lo que creamos telarañas mentales, llenas de planes B y cuestiones del tipo “¿Y si…?”).  Miedos a la supervivencia, al crecimiento, como fracasar, adquirir responsabilidades, volver a fallar, qué traerá el futuro, ser juzgados por los demás.  Nerviosismos emocionales como a la inadecuación, a la intimidad, al vacío, al destino.  Cada uno de nosotros trae algunos de estos miedos ya definidos en su diseño.

 

Los usamos de excusas y nos justificamos con nuestro pasado para huirles, pero seguirán vivos hasta que los enfrentemos y alcancemos nuestro potencial.   Son la oportunidad de un salto de fe que nos transformará integralmente.  Miedos que  observo últimamente son de orden espiritual: ¿estamos preparados para lo que surja de ese salto?; ¿nos consideramos suficientemente buenos, dignos, amables, sabios o cualquier cosa con la que lidie cada uno?; ¿no será este un nuevo intento frustrado, como otros tantos?

 

 

Y lo que más atemoriza: conocemos todo lo de la tercera dimensión, son patrones que se han repetido por siglos, sabemos cómo fracasar, como sufrir, cómo caer, cómo desilusionarnos, cómo luchar y esforzarnos, entonces ¿cómo es transitar una vida sencilla, sin dramas ni dualidades extremas; cómo es vivir en el aquí y ahora, sin traer el pasado continuamente ni preocuparnos por el futuro; cómo dejamos de hacerle caso a la mente; cómo es estar abierto, vulnerable, fluyente, amoroso, conectado, dejando que la vida se presente y sabiendo, respondiendo, sintiendo, actuando en el instante?

 

Confiando.  Cada día tiene su afán.  Cada día se nos presentan elecciones, debemos decidir si hacemos lo de siempre o si nos atrevemos a lo nuevo.  Generalmente, son pequeños actos que se van enlazando hasta que nos sorprendemos distintos.  Vivir en el presente es estar en el cuerpo: ¡qué enorme desafío!  En lugar de dejar que la mente condicionada nos lleve de la nariz hacia la nada, aprendemos a confiar en la guía del cuerpo.

 

Aun cuando hayamos acumulado demasiado karma, demasiadas consecuencias, demasiados desastres, la salida se logra poniendo un pie tras otro, poco a poco, volviendo al interior, limpiando, sanando, eligiendo, entre pruebas y errores, confiando que cada paso nos llevará a nuestro destino.  Así, nos vamos preparando, lentamente, respirando, sintiendo cómo la Luz se abre paso en cada intersticio.  Parece que nos rompemos, pero nos estamos armando desde un nuevo paradigma.

Comparte:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

captcha

Sobre Diseño Humano

No te pierdas ninguno.

Suscríbete al boletín semanal

Recibe un email semanal con consejos, reflexiones y recursos, directamente en tu casilla de correo.

Categorías

Sígueme