Contradicciones ¿finales?

Estos estados contradictorios hacen que entremos en ocupaciones y relaciones que poco tienen que ver con lo que nos hace bien. 

 

 

Vivimos en una sociedad que nos dice que brillemos y sobresalgamos, pero que castiga a quien lo hace (“mejor no levantar la cabeza porque te la cortan”).  Nos insta a hacer y tener de todo, nos promete que estar ocupados continuamente es sexy, pero nos sanciona cuando queremos parar porque estamos agotados y vacíos.  Nos llena de mensajes empoderadores y positivos, pero pocos pueden llegar a esos niveles de exigencia, por lo que caemos en la queja y la desesperanza.

 

Estos estados contradictorios hacen que entremos en ocupaciones y relaciones que poco tienen que ver con lo que nos hace bien.  Así, vamos perdiendo la brújula interior y sometiéndonos a un modelo que nos daña y coarta.  Nos llenamos de presiones y actividades para no conectar con esta realidad y recién paramos cuando el cuerpo pone su límite extremo (una enfermedad, un accidente).

 

A raíz de la pandemia, muchos se han dado cuenta de que necesitan menos del afuera y más del adentro, que más no es mejor, que el glitter no es brillo.  Ojalá esta conciencia resista el embate externo y podamos vivir de otra manera, más humana y más sagrada.

 

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