¿Cuál es el mejor propósito y cómo lograrlo?

Actuar sin conocernos es lo más caro que existe y lo pagamos con insatisfacción y sufrimiento.  Pongamos conciencia en el camino y despleguemos nuestras propias estrategias, impulsando el potencial que traemos. 

 

A todos nos gustaría levantarnos un día y que, mágicamente, todo cambie.  ¿Qué es “todo”?  Nada.  Si no tenemos claro cómo somos y específicamente qué quisiéramos transformar, el proceso se torna confuso y lleno de idas y vueltas que nos mantienen en el mismo lugar.  Además, la magia no existe.  Entonces, ¿qué hay al alcance?  El viejo y efectivo “paso a paso”.  Esto involucra la fuerza de voluntad diaria de seguir adelante hasta alcanzar la meta.  ¿Y si no tenemos voluntad (como la mayoría)?  Nos queda la perseverancia.  Ella es distinta a la constancia, que implica hacer siempre lo mismo; perseverar es tener un objetivo y, cuando sea necesario, cambiar de estrategias pero persistir hasta lograrlo.  ¿Quieres bajar de peso?  Combina distintas formas de alimentación y ejercicios cuando alguno ya no te motive más, pero continúa.

 

Otra forma de verlo es la analogía de navegar un barco: si no tenemos un puerto al cual ir, las mareas nos sacarán del rumbo continuamente y nos perderemos; con un propósito definido, retomaremos el timón para encauzarnos y llegaremos.  Las intenciones más poderosas son las internas; ellas alimentan y motivan las externas, que pueden ser simples excusas para movilizar los talentos interiores latentes, que a veces desperdiciamos por no ponerlos en acción.  ¿Siempre te gustó el arte y no sabes si tienes creatividad?  Comienza un curso y averígualo.

 

Una excusa común para no comenzar el camino es: “Ya estoy grande”, “Hace mucho que soy así”, lo que tiene que ver con el tiempo y la permanencia de una forma de ser.  Muchas veces, esas maneras son producto de los condicionamientos del entorno y traemos un potencial que no hemos explorado.  Sea como sea, la luz ilumina instantáneamente un lugar, sin importar el tiempo que haya estado a oscuras.

 

Cuando tomamos conciencia de algo, le llevamos luz por primera vez y activamos recursos que no sabíamos que teníamos.  Nos pensamos a nosotros mismos y a los acontecimientos que marcaron nuestra vida como inalterables, como escritos en piedra.  Nada más alejado de la verdad: la interpretación lo es todo.  Si nos vemos de distinto modo, modificamos el pasado, el presente y el futuro.

 

Cada persona tiene su particular diseño y debe encontrar su propia forma de fluir hacia lo que nace de su corazón.  Algunos tienen una voluntad declarada; otros pueden iniciar lo que desean sin necesitar a nadie; otros deben esperar y confiar en que la Vida les traerá lo que es para ellos; a algunos les gusta la rutina y la previsibilidad; a otros les motiva el cambio y el misterio; algunos tienen una enorme energía; otros no pueden ni consigo mismos pero tienen otras facilidades.

 

Somos distintos y perfectos en lo que somos.  Actuar sin conocernos es lo más caro que existe y lo pagamos con insatisfacción y sufrimiento.  Pongamos conciencia en el camino y despleguemos nuestras propias estrategias, impulsando el potencial que traemos.  ¿Cuál es la única meta que nos traerá alegría y que nos motivará siempre?  Ser nosotros mismos: ¡no hay mejor propósito!

 

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