¿Cuál es el sentido de la vida?

Ser creadores responsables.

 

Al final de un almuerzo con amigas, una de ellas (de 82 años) saca esa pregunta e inicia una charla sorpresiva y profunda.  Al otro día, una paciente (de 35) comienza su sesión con la misma cuestión.  Parece ser un tema que está dando vueltas…

 

Me hizo recordar cómo ha sido mi recorrido al respecto.  Siempre, desde chica, me hice este tipo de interrogantes.  Al principio, las respuestas vinieron de la religión y del contexto de un colegio católico.  Rápidamente, dejaron de contentarme y, harta de la hipocresía que percibía en todos, dejé de creer en ellas.  Una de las cosas que más me angustiaban era la idea de que teníamos una sola vida: y si “fallaba”, ¿me iba al infierno o al purgatorio a esperar siglos el nuevo retorno del Mesías?  ¡No era justo!  Tenía que ser de otra manera…

 

A los 16, encontré un libro sobre reencarnación y me pareció más lógico: tenía muchas oportunidades para aprender.  Me puse a leer sobre las religiones orientales y me resultaron más afines con mi manera de comprender la vida.  Igual, la otra pregunta que me torturaba no tenía contestación: ¿para que vine YO en particular?  Decenas de “Prueba y Error” en trabajos, lecturas, cursos, grupos, lugares, lo que sea, en ningún parte encontraba la revelación que calmara tanto desasosiego.

 

En el colmo de mi desesperación, a los 35 años, dejé de trabajar y me encerré en mi casa, clamando una respuesta o la nada.  Solo salía para aprender Terapia de Integración Cuerpo-Mente (algo que había comenzado tres años antes por temas personales) y, luego de un tiempo, el develamiento ocurrió: “Estás estudiando lo que viniste a hacer”… la dificultad de ver lo obvio…  Respiré aliviada por primera vez en mi vida y me dediqué a ello.

 

¿Todo solucionado?  No, después de unos años, reapareció la cuestión fundamental: ¿para qué estamos aquí?  A estas alturas, ya estaba harta de tanta teoría.  Siendo muy abierta, no existía postulado que no hubiera conocido y, teniendo una forma propia de pensar, no había combinación que no hubiese intentado.  Al final, resolví dejar de pensar (¡gran decisión!) y escuchar.  El silencio contiene todas las respuestas.

 

La Creación contiene todas las preguntas.  Estamos co-creando posibilidades infinitas continuamente.  ¿Somos creadores responsables?  Estamos aprendiendo;  aquí, por ejemplo.  En cada encarnación, instalamos una oportunidad: los padres, el status social, las cualidades y las debilidades, las personas, los espacios, los desafíos, todo es un escenario para observar y vivir las consecuencias de cada pensamiento, emoción y acto.

 

Sin conciencia de esta interacción, todo es un sinsentido.  Pero, las paradojas son la forma en que la verdad se expone: viviendo la simple vida cotidiana en su esplendor es que hallamos el sentido.  Cuando el ego se lanza a conquistar el mundo para darle propósito a su existencia, se pierde.  Cuando se aprecia la profundidad de cada instante y lo que contiene, se encuentra.

 

¿Es este el sentido de la vida?  ¿Existe puramente?  No lo sé.  Esta es mi elección.  Ahora.  Debajo de las olas calmadas o tumultuosas de la superficie, una corriente eterna me sostiene y me conecta con Todo Lo Que Es.  A veces, llego a ella y reverencio el silencio luminoso.  Muchas veces, solo fluyo, permitiendo que lo que soy aquí y ahora atraiga lo que debe suceder.  Después de tanta resistencia, es precioso.  Si te sirve en algo mi experiencia, me alegro.  Espero que encuentres la tuya.

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