
El lunes, comenté acerca de la Cultura de la Positividad. Cuando veo las conductoras del Canal “Hola”, las relaciono con esos conceptos, como una muestra patente: siempre perfectas, en cuanto a maquillaje, vestuario, presentación, dicción, interacción, con una continua sonrisa, nunca negativas ni adversas, inclusivas y complacientes (aun cuando parecen tocar temas “difíciles”). Aparentan que vivimos en un mundo perfecto, en el ideal que las masas desean (pero jamás conseguirán), de puro consumo, felicidad y diversión.

Estos modelos de perfección positiva son muy dañinos para todos, ya que inconscientemente nos alimentamos de ellos y anhelamos parecernos en algo. Así, nos vemos mal, inadecuados, carentes. No alientan a mostrar lo “negativo” de las emociones (ira, tristeza, frustración, etc.), porque el ideal es estar bien y afrontar todo con una sonrisa y una actitud proactiva.

Es interesante que, en este mundo reluciente, de publicidad de perfume importado, se eluda a los que lo hacen posible, se evada la lucha y el sufrimiento que conlleva lograrlo (y que se evita mostrar, a menos que sea para aplaudir algún logro de alguien en particular), se esconda al ser humano común y se privilegie al que se muestra narcisísticamente.





2 respuestas
Al leer esto tomo conciencia de mi malestar porque a medida que voy adentrándome en el envejecimiento,me queda lejos y de forma irreversible,esa imagen idílica e imprescindible para sentirse viva.No me había percatado de que esos mensajes subliminales fueran calándome en el inconsciente hasta instalarse en mí como creencias
A todos nos pasa, Esther… Paradójicamente, cuando somos nosotros mismos, es cuando nos sentimos vivos y completos de verdad.
Te mando un luminoso abrazo.