De la autoridad externa a la responsabilidad interna.

Pusimos la autoridad afuera (en las instituciones, en los especialistas, en los que saben o tienen poder) y ahora estamos en el inicio de tomarla nuevamente, responsabilizándonos por nuestras decisiones. 

 

Recordaba con una paciente una anécdota de las (muchas) veces que no tenía un peso y estaba quebrada.  Cuando iba al supermercado (con la lista de lo que debía comprar), pasaba por las góndolas llenas de cosas que no podía adquirir y me decía: “No necesito esto/No me gusta eso”.  Me reía, sabiendo que era un mecanismo, pero me daba la impresión de que YO decidía, no que era arrastrada por la frustración y el desánimo.

 

Se lo comenté, porque ella tiene años de dietas restrictivas para bajar de peso y recién ahora comprendió que prohibirse algo es la mejor forma de desearlo… y castigarse por ello.  Está probando con escuchar su cuerpo y percibir qué le hace bien y qué no, sin vedar nada.  Lo que hacía es muy de otra época, en la que pusimos la autoridad afuera (en las instituciones, en los especialistas, en los que saben o tienen poder) y ahora estamos en el inicio de tomarla nuevamente, responsabilizándonos por nuestras decisiones.  ¡Un enorme cambio!

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