
Generalmente, cuando llegan las crisis o se despierta la conciencia, se comienzan a percibir cuántas cosas deben corregirse. Ante esto, es común querer hacer todo al mismo tiempo y terminar sintiéndose tan abrumados por la tarea, que causa parálisis.
En principio, es mejor no abrir frentes constantemente, porque no hay atención ni energía para eso. Es importante comprender que el cambio es una sinergia: cuando elaboramos un tema, eso produce una acción conjunta con otros, y se genera una transformación que involucra a todos.
Hay un consejo clave en esto: “Cada día tiene su afán”. Ni llenarse de culpas por lo que no se hizo ni de ansiedad por lo que se tiene que hacer; al vivir en el presente, abordamos lo que cada día trae y eso es suficiente. Poco a poco, vamos avanzando casi sin darnos cuenta, mientras el cambio se va produciendo sin resistencias ni luchas, lo que es muy importante.




