Dones y aprendizajes compartidos: cómo nos ayudamos mutuamente a transmutar.

Al ver nuestras relaciones como contribuciones interdependientes, podemos apreciarlas en su enorme valor.  Esas personas que constituyen nuestro entorno son maestros y aprendices de diferentes materias; aun intercambios breves son  interpretados como regalos que nuestro Ser nos acerca para nuestro  progreso. 

 

Una de las reacciones más comunes cuando analizo Cartas de Diseño Humano con alguna persona es la de creer que SU diseño es el más difícil de todos, algo así como: “¡Justo a mí me tocó ser yo!”.  La idea de que determinada configuración es mala o complicada parece darnos la excusa para victimizarnos o abandonar un objetivo, porque “no puedo con tal desafío”.

 

Nuestro diseño es nuestra elección, nuestra contribución al mundo, lo que hemos decidido aportar y aprender.  Como tendemos a minimizar y hasta despreciar lo que traemos como propio, nos concentramos en lo que no tenemos, idealizándolo y haciéndolo nuestra meta, con lo que nos exigimos demasiado y muchas veces terminamos enterrando nuestro verdadera posible participación.

 

El jardín ajeno siempre parece ser más verde que el nuestro o más fácil de arreglar.  Quizás por eso es que nos encanta criticar y dar consejos, que nos resultan muy difíciles a nosotros seguir.  Una de las cosas más extraordinarias de Diseño Humano es la idea de que nos interconectamos energéticamente para aprender entre nosotros, aun sin tratar con los demás, solo por estar en cercanía, áuricamente.  No es algo novedoso en realidad, pero es de una gran ayuda saber cómo lo hacemos.

 

Al observarlo de esta forma, es posible reconocer dónde somos fuertes y originales y dónde somos influenciables y condicionados.  En resumen, qué aportamos y qué aprendemos.  Al ver nuestras relaciones como contribuciones interdependientes, podemos apreciarlas en su enorme valor.  Esas personas que constituyen nuestro entorno son maestros y aprendices de diferentes materias; aun intercambios breves son  interpretados como regalos que nuestro Ser nos acerca para nuestro  progreso.

 

 

En lugar de rechazar esos espejos, los tomamos como posibilidades de evolución.  Esto no quiere decir someternos a ellos ni quedarnos enganchados para siempre.  Algo que está sucediendo últimamente es que muchos ya no se sienten cómodos con familiares o amigos de largo tiempo.  Ellos han constituido ese aprendizaje y lo hemos superado.  Nuestros padres, sobre todo, han puesto las teclas que nos hacían saltar y que debíamos dominar para perfeccionarnos (el karma mutuo).  Ahora, cuando las tocan, ya no reaccionamos y deseamos salir a recorrer nuestro camino del Ser.

 

Esto no implica abandonarlos (aunque algunos lo necesiten si están en situaciones muy tóxicas) pero sí poner límites y acercarse desde lugares más compasivos, sin participar de los juegos conocidos.  Otra posibilidad es que, al perdonar y perdonarnos y estar desde otra dimensión, habilitemos su propia sanación y la relación mejore o cambie.  Todo es posible en estos tiempos de grandes transformaciones.

 

En este punto, muchos se han encerrado y/o alejado, hartos de la agresión, de los desengaños, de la frustración, de la desilusión, del rechazo, de considerarse raros.  La Energía ha cambiado y ya las cosas no funcionan como antes.  Tal vez, se han quedado en el pasado, tanto en la memoria, como en las heridas como en lo vibracional.  Toca sanar y subir un nivel, volver a creer y confiar, encontrar aliados que también han madurado y personas a quienes ayudar.

 

Es necesario hacer un reinicio.  Nadie es el mismo que hace veinte años (ni dos meses).  Hemos pasado por muchas oscuras noches del alma y somos otros o, mejor dicho,  somos más verdaderos, los de nuestro diseño original, recargados (como dice una paciente: “en mi versión 3.0”).  Ya lo sabemos: solo podemos ser felices siendo nosotros mismos y solo podemos cooperar felizmente desde lo mejor de lo que somos.  Tomemos la oportunidad y renazcamos a la Nueva Energía.

 

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