
Veíamos con una paciente la tendencia humana a irnos a los extremos para encontrar el equilibrio, en términos de crianza, por ejemplo. Yo me iba de mi casa durante horas con amigos, a “explorar” el río y el campo, con serio peligro muchas veces y mis padres no sabían nada, era normal dejarnos salir así. Ahora, le están encima continuamente a los chicos, sobreprotegiéndolos y defendiéndolos tanto de todo y de todos que no aprenden a cuidarse y enfrentar las cosas.
Aunque primero debemos hacer ese aprendizaje dentro de la dualidad, lo cierto es que el equilibrio dentro de ella es inestable y cambiante. Luego, tenemos que encontrar el tercer punto del triángulo, el que trasciende la polaridad y halla una respuesta superadora e integral. Está siendo crucial poder darnos cuenta de esta otra instancia, en tiempos de tanta dualidad concentrada.




