
Así como pensamos que ser buenos es ser “buenudos” (no poner límites, hacer todo por el otro, olvidarse de uno, etc.), también creemos que el amor es débil, que se trata de hablar suave, de permitir todo, de no sentir nada “negativo”, etc.
Entre otras cosas, por esa mala concepción, es que recurrimos a la violencia, ya que suponemos que tiene más fuerza y logra más. No hay nada más potente que el amor. A veces, debe recurrir a plantarse, a cortar limitaciones, a motivar apasionadamente, a soltar lo que ya no sirve, a enojarse con fundamentos, a potenciar ayudando a salir del estancamiento, a probar y fallar y aprender, a reírse de uno mismo (a diferencia de la seriedad y autoimportancia del ego), a hacer lo necesario desde un corazón abierto y expansivo.
El amor quiere lo mejor para uno y para el otro. No es una sonrisita dulce con un arco iris de fondo; es la razón detrás de todo.




