Ayer, estaba en un café, en las mesas de afuera, y siento el olor de cigarrillo. Hacía años que no lo sentía y lo huelo muy frecuentemente en los últimos tiempos. Pensé que no es gratuito el estrés que se ha vivido (y se vive) en los últimos dos años y uno de los resultados es esto: personas que habían dejado de fumar han retomado y otras han comenzaron ahora.
Parece una tontería, pero es grave. Cuando el afuera es caótico, impredecible y es incentivado por los medios, recurrimos a las peores «soluciones» para calmarnos: fumar, comer demasiado, dejar de comer, ingerir pastillas de toda clase y/o drogas, tomar alcohol, ser sedentarios, etc. La ansiedad, el miedo, la incertidumbre, hacen estragos.
Sabemos que esas cosas no resuelven nada, pero el afuera se presenta brutal y perdemos el foco, nos dejamos llevar por los vientos cambiantes de los sucesos. Juzgarnos y castigarnos no sirve, porque entramos en lucha con nosotros mismos y así terminamos de perder la poca energía que nos queda.
Volver al centro es necesario. Nuestra paz interior ayuda más que el enojo y el temor, que se agregan a los de los demás, haciendo más grande la hoguera. Y nos ayuda más a nosotros. Volvamos a lo sencillo, a lo cotidiano, a lo que sí podemos hacer, a influir con serenidad y alegría donde podamos. Vuelvo a compartir una secuencia que puede ayudar. Respira, vuelve a tu corazón.

DESCÁRGATE, CÉNTRATE, VUELVE A TI.
Esta es una secuencia muy rápida y sencilla para conectar con tu cuerpo, estirarte, respirar y VIVIR EN EL AQUÍ Y AHORA. Esta actitud, tan publicitada y tan poco experimentada, implica ESTAR EN TU CUERPO, porque es el único que está presente, mientras tu mente vive en el tiempo lineal (pasado, presente, futuro).
- Sentado o parado, como prefieras:
- Junta o entrelaza las manos, estira los brazos lo más adelante que puedas y baja la cabeza; elonga la espalda placenteramente.
- Estira hacia arriba, abriendo las axilas. No te olvides de respirar.
- Inclina un poco el torso hacia la izquierda y la derecha, como si quisieras desprender la cintura. No te fuerces ni exijas tu cuerpo: hazlo suave y agradablemente.
- Junta las manos atrás y estira los brazos, abriendo el pecho.
- Estira las piernas, primero con los pies apuntando al frente (con lo que elongas la parte anterior) y luego con los pies para arriba (con lo que estiras la parte posterior).
- Golpea el piso con los pies unas cuantas veces, liberando el resto de las tensiones y conectándote con tu cuerpo y tu energía.
- Bosteza ampliamente (si puedes, exhala con “ruido”, ¡descárgate!), o haz gestos con la cara, abriendo grande la boca.
- Continúa parado (con la columna derecha y los pies bien asentados en el piso) o siéntate cómodamente: los pies separados, apoyados en el suelo, la espalda recta (no rígida), bien atrás en el asiento. En ambos casos, los hombros sueltos, el pecho abierto, el ceño distendido, la mandíbula floja (separa los labios y los dientes).
- Respira. Poco a poco, deja que la respiración se vaya ampliando, haciéndose profunda y pausada.
- Imagina que, en cada exhalación, vas soltando las tensiones emocionales y mentales. Confía en tu intención de liberar todo lo que cargas innecesariamente en el cuerpo y la mente.
- Siente que la quietud se instala en tu corazón, mientras la respiración y la energía se expanden más y más. Dite: “AQUÍ Y AHORA, YO SOY … (tu nombre) Y TENGO EL PLENO PODER DE TODOS MIS RECURSOS Y POSIBILIDADES. YO SOY SIEMPRE GUIADO Y PROTEGIDO. YO CONFÍO.”.




