El mundo del espectáculo global (la distracción).

Todos se afanan por darnos un buen pasatiempo que nos entretenga, pero que no tiene ningún sustento.

 

 

Estaba pasando Facebook y apareció un Tik Tok de un cantante; lo miré y pensé: “¡Qué creativo!”.  Y seguidamente se me ocurrió las horas que él y su equipo habían estado haciéndolo y que yo miré inadvertidamente en diez segundos, para seguir con las cosas.  Ese es el mundo en el que vivimos: una distracción continua, alimentada por todos.

 

No por nada se llama “el mundo del espectáculo” y que ahora engloba a casi cualquiera: artistas, deportistas, políticos, jueces, influencers, desconocidos famosos por 15 minutos, etc.  Todos se afanan por darnos un buen pasatiempo que nos entretenga, pero que no tiene ningún sustento; es superficie lisa y pulida, sin contenido real.

 

Todo pasa rápido y parece importante, pero no lo es.  Enseguida, surge algo nuevo que también lo es y así sigue y sigue, sin dejarnos sedimento, huella, verdad.  Es acumulación intrascendente; es distracción.  Está en nosotros salir de esa vorágine y rescatar lo valioso, lo significativo y que no está en el afuera, está en el interior.

 

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