El principio de “no acción” en tiempos de reacción.

No se trata de no actuar, sino de no forzar soluciones, de fluir con el momento.   Al estar en consonancia con el Tao, todo encuentra su camino y se obra lo adecuado, sin forzar la naturaleza de Lo Que Es. 

 

Ayer, desperté temprano y decidí ir a un café.  Por primera vez en años, elegí llevar un libro.  Hace mucho que no puedo leer nada largo; por un lado, tengo el disco rígido lleno de muchas tonterías y de algunas cosas valiosas y, por otro, me centré en encontrar respuestas propias.  Después de llenarme de información, me di cuenta de que ella obturaba la sabiduría natural; era solo eso: información, si no bajaba a la vida, no servía más que de carga mental. 

 

Sin pensarlo, vi el Tao Te Ching (está en mi sitio) y lo tomé.  Mientras disfrutaba el café, lo abrí al azar y, como cuando lo leía en mi juventud, instantáneamente entré en un estado de calma profunda.  Mi respiración se profundizó y mis ojos se llenaron de lágrimas al reencontrarme con verdades que resuenan con intensidad en mi interior.  Lo simple y lo paradójico volvieron a mostrarme su poder y me pregunté porqué lo había dejado.  Quizás, ahora esté preparada para vivirlo…

 

En su momento, el concepto de “wu-wei” había reverberado en mi ser Proyectora.  Por fin, hallaba una noción que explicaba la inutilidad de moverse continuamente, sea para solo hacer, para liberar energía, para apremiar situaciones, para lograr metas impuestas por otros, para lo que sea.  Llevada por los modelos externos, yo había puesto muchísima fuerza (que no tenía) en conseguir todo rápido, exigiéndome y exigiendo a personas y circunstancias para que encajaran en un  supuesto camino social que debía llevar.

 

Cuando estalló y me sumió en una gran depresión, comprendí exactamente lo que es el wu-wei: el principio de no-acción.  No se trata de no actuar, sino de no forzar soluciones, de fluir con el momento.   Al estar en consonancia con el Tao, todo encuentra su camino y se obra lo adecuado, sin forzar la naturaleza de Lo Que Es.  Este sendero de interioridad, de sencillez, de amor/modestia/humildad, se describe en paradojas:

 

 

  • “La arcilla se modela para hacer vasos: en lo que no es, el uso del vaso yace.” Esta frase está en una sección titulada: “La utilidad de la nada” y nos recuerda que en el vacío subyace el valor, no en el vaso en sí.

 

  • “Las cosas difíciles del mundo comienzan en lo fácil y la cosa del mundo más grande comienza en lo pequeño. Por ello, el sabio en su vida no actúa lo grande, realizando con esto su grandeza”.

 

  • “La virtud superior no se cree virtud, por eso es virtuosa. La virtud inferior se aferra a la virtud, por eso no es virtuosa.  La virtud superior no obra, más todo lo hace.  La virtud inferior obra, más nada hace.  La benevolencia superior obra sin motivo; la justicia obra con motivo.”

 

  • “Sin salir de casa, se puede conocer el mundo. Cuanto más lejos se mira, menos se aprende.  Por ello, el sabio no anda y llega, no contempla y comprende, no obra y realiza.”

 

  • “El que obra, yerra; pierde el que se aferra. Por ello, el sabio que no obra, no yerra, que no tiene, no pierde.  Desea el no desear, no aprecia lo difícil de retenerse, aprende el no saber, retorna donde otros pasan, ayuda a la naturaleza de las cosas y no se atreve a la acción”.

 

  • “El hombre nace débil y delicado: en la muerte es fuerte y duro. Animales y plantas nacen tiernos y débiles: en la muerte son duros y rígidos.  Por ello, los duros y fuertes a la muerte siguen, más el débil y frágil a la vida sigue.”

 

  • “¿Puedes hacer que cuerpo y espíritu se fundan sin poder separarse? ¿Puedes hacer que el aliento se vuelva tan tierno y fresco como el de un infante?  ¿Puedes eliminar de ti las visiones en exceso profundas para estar libre de pequeñas máculas?  Dar vida y nutrirla, dejarla nacer sin poseerla, dejarla actuar sin conservarla, dejarla madurar sin gobernarla: esta es la virtud trascendental.”

 

En estos tiempos en que se glorifica la acción constante, los logros enormes, el ego brillante, la información omnipresente y la educación que deforma, el afán perpetuo en la conquista y posesión que mantiene prisionero en la telaraña de la sociedad, el mensaje del Taoísmo puede resultar inasible o imposible.  Sin embargo, al renunciar a la vanidad del obrar humano en su lucha por lograr metas inútiles, puede volver a conectar con la Esencia y fluir con ella.

 

  • “El que conoce a los hombres es sabio. Quien se conoce a sí mismo es un iluminado.  El que vence a los hombres tiene fuerza.  Quien se vence a sí mismo es poderoso.  Quien sabe contentarse es rico.  El que no se desvía dura mucho.  Quien puede morir sin perecer tiene larga vida”.

 

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