
Acostumbrados a juzgarnos desde el Hacer, desde lo productivo, desde los resultados, estos momentos de inacción parecen ser perdidos, inútiles. Es la visión instalada de que solo valemos si trabajamos, si consumimos, si movemos el aparato capitalista. Si bien el sustrato es verdadero, la realidad es que excedimos largamente el propósito inicial y ya es un dislate injusto, dañino e inhumano.
Muchos se replantearán si quieren seguir corriendo detrás de quimeras vendidas por el mercado para que sigan comprando. Otros no hallarán trabajo. Otros cambiarán el que tenían. Muchas cosas cambiarán drásticamente: dependerá de nuestra conciencia si es para bien o para mal.
En la inactividad exterior, ¿qué otra actividad se despliega? La interior, la que demanda otras miradas. Cuando los ojos se abren a la verdad de nuestra vida, consciente o inconscientemente nos preguntamos: ¿sobre qué cimientos construí mi casa? Deja de correr, buscando actividades para no verte, y comienza a construir (internamente) los fundamentos de tu nueva casa.




