
En un mundo globalizado, es relativamente fácil imponer tendencias. Si solo fueran de moda o productos, no serían tan perjudiciales como las que atomizan y dividen a los pueblos. Una manera de hacerlo es distraerlos con asuntos importantes pero presentarlos de tal forma que generen conflictos: feminismo, temas de género, pandemias, asuntos políticos, etc. Compuesta la grieta, ya no hay unidad ni nación, solo facciones peleando entre sí mientras las élites globales depredan.
Esto se forma desde la infancia, abstrayendo a los niños con los dispositivos, con las redes, con las publicidades, a fin de que no participen en la vida real y se encapsulen en grupúsculos sin participación ni poder. El descreimiento adulto, forjado por estas políticas, contribuye, mientras pierde la vida en el trabajo (cuando lo tiene) para seguir alimentando el consumismo.
Es hora de despertar y transformar la realidad. Se comienza con uno mismo, haciendo la metamorfosis: integrando en la fase de oruga y liberándose como una mariposa.




