
Tengo activada la Puerta 15 en Diseño Humano. Es la de los extremos en el ritmo: una temporada duermo nueve horas y otra tengo insomnio, una como mucho y otra poco. Es la Puerta de Amor a la Humanidad, ya que ama la diversidad dentro de ella.
Así como puedo hacer las cosas con gran rapidez y eficiencia, también me gusta caminar lentamente, apreciando lo que sucede alrededor mío. Vivimos en una sociedad veloz, en la que hay que estar en acción continuamente, no toleramos ni esperar diez segundos a que un sitio se abra en internet. Ese ritmo constante es sumamente perjudicial para el cuerpo, que necesita descanso y tranquilidad para su bienestar.
Es interesante que debamos “programar” las pausas, como si fuera un trabajo, en lugar de entender que son parte de la vida. Todo es un flujo y un reflujo, una inspiración y una expiración, un vacío y un llenado. Ahora, se pretende que sea una incesante subida (como las acciones de la Bolsa) y parece una catástrofe cuando bajan.
Comprender los ritmos naturales nos hace fluir con ellos, en lugar de exigirnos algo que no es verdadero, una ilusión. Por otro lado, nos permite amar nuestras luces y sombras, al igual que las de los demás.




