
Somos contradictorios, incoherentes, duales, tratando de encontrar unidad. Una prueba es enterarme que Diego Maradona acaba de fallecer. Lo he criticado muchas veces por su errática vida personal, tanto como lo he admirado por su brillante vida profesional. Él también era discordante, quizás producto de un ascenso meteórico que no supo manejar (dijo: “de golpe, me dieron una patada en el culo, me enviaron a la cima del mundo y me dejaron solo”), de los entornos que lo idolatraban y lo usaban y de sus propias falencias.
Era previsible, pero me conmovió. No lo esperaba pero se me cayeron las lágrimas. Somos humanos. Gracias, Diego. Volá alto.




