
Cuando entramos en la espiral negativa de imaginar desgracias, en el fondo lo que hacemos es crearlas, porque nuestra mente (alimentada por las emociones) termina construyendo lo que tanto piensa. En lugar de ello, lo que conviene es tomar una perspectiva más elevada, salir de la dualidad y subir hacia una instancia integradora que pueda observar la oportunidad superadora que ese hecho significa, la posibilidad que el Alma nos está presentando para evolucionar.
Es imposible realizarlo si estamos ansiosos y desequilibrados. Por el contrario, esa vorágine funciona como una resistencia, que impide la resolución del conflicto. Cuanto más serenos y neutros estemos, más fácilmente aparecerán las revelaciones, las respuestas, los movimientos nutritivos esenciales. Es necesario aprender a serenarnos, centrarnos, escucharnos profundamente, dar lugar a nuestro Ser, dejar que la Vida conspire a nuestro favor, confiar, amarnos.
Todavía no estamos totalmente maduros para esta instancia. Estamos manejados por nuestros Niños Internos (que son los dueños de las emociones) y los dejamos que se sigan hiriendo cada vez más, en lugar de contenerlos y crecer. Como Humanidad, nos debemos un desarrollo sustentado en instancias más serenas, creativas y amorosas. Está en cada uno de nosotros comenzar e instaurar nuevas y mejores actitudes.




